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JOSÉ, SU ESPOSO Y SU HIJO (ESPAÑA/TABASCO)

José y su esposo se conocieron cuando este último llegó a vivir a Madrid. Después de muchos años juntos, se casaron en esa ciudad y tiempo después decidieron que querían tener un hijo. Realizaron una investigación exhaustiva sobre los países en los cuales se ofrece el servicio de gestación subrogada, los requisitos y pre­cios. Buscaron una opción que les conviniera económicamente, que permitiera dichos procedimientos para parejas del mismo sexo y donde se respetara a las mujeres gestantes. Así, eligieron Tabasco para realizar el procedimiento. En la clínica de Tabasco les aseguraron que no tendrían ningún problema con el procedimiento. La pareja firmó un contrato ante Notario Público con Mercedes, 38 una madre soltera originaria de Tabasco y, con el material genético de José y el óvulo de una donante, realizaron una FIV.

El embarazo de Mercedes transcurrió sin complicaciones. Sin embargo, durante el proceso tuvo que enfren­tar diferentes tipos de discriminación de las que frecuentemente son víctimas las mujeres gestantes en el estado de Tabasco, como la negación por parte del hospital de atenderla porque, de acuerdo con ellos, no tenía seguro. En respuesta, José y su esposo presentaron el comprobante de pago a la aseguradora. Más tarde, tuvieron conocimiento de que el agente de seguros había tomado el dinero de la póliza y nunca la había dado de alta.

Mercedes dio a luz por medio de una cesárea en un hospital privado. Unas horas después, se quejaba de do­lor: le habían quitado el analgésico, cuando por lo general se deja 24 horas o más. Ante la negativa del perso­nal del hospital a administrarle el medicamento, Mercedes pidió ayuda a José y su esposo. Bastó una llamada furiosa de la pareja para que le brindaran un analgésico.

De acuerdo con el testimonio narrado por la pareja a GIRE, su bebé quedó registrado como hijo de José, pues en la clínica les aseguraron que ésta era la manera correcta de hacerlo pues los formatos de acta de naci­miento de la entidad no admiten la posibilidad de tener dos padres. Como la oficina de pasaportes de Villaher­mosa estaba cerrada por las vacaciones decembrinas, la pareja se dirigió al Distrito Federal con el acta de nacimiento, copia del contrato de subrogación y una carta del hospital para tramitar el pasaporte del niño. En esta oficina se encontraron con una persona que les aseguró que no podía emitir el documento por no haber una madre en el acta de nacimiento y les sugirió que inventaran un nombre para colocarlo en su lugar, a lo que ellos se negaron. La pareja entonces viajó a Tabasco a solicitar el pasaporte, donde se vieron enfrentados a una delegada que admitió no estar de acuerdo con este tipo de procedimientos, por lo que no haría nada por ayudarles y agregó que la solución sería abandonar a su bebé en México y regresar a su país. Su embajada no les proporcionó ninguna ayuda.

Las diferentes respuestas de las autoridades fueron contradictorias y confusas, por lo que los padres no sabían cuándo ni cómo lograrían regresar a su país. Finalmente, el 26 de junio, con su hijo de casi siete meses cumpli­dos, lograron obtener el pasaporte y regresar a España. Este caso es ilustrativo de los graves problemas que pueden surgir a partir de una regulación de gestación subrogada que no protege de manera adecuada a todas las partes involucradas y, de manera particular, que deja en una situación de inseguridad jurídica a los niños nacidos a partir de estos acuerdos.