En México se le echa limón a todo. En GIRE le echamos feminismo a todo. Es una forma de vivir y convivir, tan cotidiano como el limón.

Las películas que nos regala el feminismo


Por Rebeca Lorea

No, éste no es un texto sobre películas con narrativas feministas, ni sobre películas dirigidas o escritas por mujeres, tampoco sobre películas que pasan el test de Bechdel. Lamento decepcionarte, pero te invito a seguir leyendo porque casi puedo asegurar que no te arrepentirás. Este es un texto para hablar de todo aquello que se nos revela cuando volvemos a ver esas películas o series que nos gustaban hace algunos años, sobre todo, aquellas que amábamos antes de descubrirnos feministas.

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Hace poco había una discusión en twitter sobre si el feminismo nos “arruinó” películas, libros o canciones. Algunas opinan que sí, porque vivir el feminismo nos hace sentir incómodas ante situaciones que antes nos pasaban desapercibidas y ello impacta en qué tan poco disfrutamos ahora lo que antes disfrutábamos muchísimo. Otras opinan que, aunque difícil, no es trágico, sino que agradecen ser capaces hoy de disfrutar otras lecturas y proyecciones de sus propios gustos, ahora con lentes violetas.

Llamamos “feministrago amargo” a este fenómeno en la vida de quienes nos descubrimos feministas. Es un proceso que empieza con algo de miedo cuando decidimos volver a ver esa película, serie o caricatura “¿Y si ya no me gusta? ¿Y si me quedo dormida porque en realidad es aburridísima?”; igual nos damos la oportunidad y le ponemos play.

Es probable que el tiempo libre de algunas de nosotras durante este confinamiento sea un eterno Netflix & chill. Entre la oferta de películas, están algunas románticas noventeras en las que no existían smartphones, Facebook, Instagram, Tinder ni Covid-19. Son producciones de la última generación que entablaba relaciones sexo-afectivas sin ninguna intervención de las redes sociales como las conocemos ahora. Sin embargo, esa aura de amor libre de hashtags significa también libre de atención a críticas feministas tan rigurosas como las de ahora.

Para botón de muestra, comparto los feministragos amargos de dos películas que volví a ver recientemente. Si no has visto alguna de estas joyas de hace veintidós años, cuidado con los spoilers.

 

Tienes un email (You’ve got mail, 1998)

 

La película que nos vendían trataba sobre Joe y Kathleen, quienes mantienen una relación por correo electrónico en la que comparten sus más profundos miedos y deseos, pero no su identidad: no saben sus nombres, ni sus trabajos ni sus domicilios, solo se identifican como “Shopgirl” y “NY152”. Fuera de esa relación “epistolar” virtual, son rivales de negocios: Joe está por abrir una de sus enormes librerías a unas cuadras de la librería local de Kathleen, amenazando el negocio de ésta. Joe descubre que su amor de e-mail es la mujer que le ha declarado la guerra por gentrificar su barrio, así que decide conquistarla vía e-mail. Ella termina enamorada de él por la persona que demuestra ser por correo electrónico, y vivieron felices para siempre.

La película que descubrimos hace unas semanas, junto con el feministrago amargo, trata sobre Joe Fox, que orilla a Kathleen a cerrar su librería robando a sus clientes a través de “Librerías Fox”. Como Joe está enamorado de Kathleen, pero sabe que no puede confesarle que él es NY152 porque ella no lo perdonaría, continúa en contacto con ella usando un seudónimo y su relación comienza a profundizarse. Para conquistarla fuera del correo electrónico, Joe usa la información que Kathleen le da a NY152 sin saber que es él, ¡hasta el punto en el que ella cree que está enamorada de dos personas distintas! Joe le confiesa su amor y pide una oportunidad, pero ella elige a NY152…  el final de la película es cuando ella descubre que Joe y NY152 son la misma persona y cursimente dice “quería que fueras tú”.

#AmigaDateCuenta

Pero, chica, ¡gentrificó tu barrio! ¡Te dejó sin ingresos! ¡Te engañó para conquistarte! ¡Qué forma de manipularte a su conveniencia!, ¿qué esperas de una relación que surgió del engaño? ¡¿Por qué se supone que me gustaba esta historia?! ¡Ugh!

 

¿Conoces a Joe Black? (Meet Joe Black, 1998)

 

La película que vimos cuando niñas o pubertas, varias (yo) motivadas porque era protagonizada por Brad Pitt, trataba sobre Bill Parrish, un señor rico al que la Muerte, autonombrada “Joe Black”, le otorga una semana “de gracia” antes de llevárselo, y aprovecha para quedarse en este plano y conocer más a los humanos. Durante esta semana, la Muerte descubre algo tan humano como enamorarse: se enamora de Susan, la hija de Bill, y ella de él. Al final Joe y Bill parten juntos.

La película que descubrimos trata sobre cómo la Muerte elige a Bill Parrish para entender mejor a los humanos y, por casualidad —¿o no?—, lo hace utilizando el cuerpo del hombre que acababa de conquistar a la hija de Bill. Feministrago amargo: ¿a quién se le hizo lógico que la Muerte eligiera para “conocer a los humanos” a Bill Parrish, un hombre blanco, cisgénero, heterosexual, sin discapacidades, millonario, estadounidense, si este estereotipo de señor representa a, máximo, 1% de la humanidad? ¿Por qué nos hacían creer que era bonito el romance entre Susan y Joe Black si claramente están en una relación desigual de poder? Por una parte, porque Joe es la Muerte, pero también porque se está aprovechando de que ella cree que es un hombre que conoció en una cafetería y del que se había enamorado antes de que la Muerte tomara su cuerpo.

Un feministrago amargo es descubrir que nos gustaban (tal vez nos gustan todavía) historias cargadas de machismo. Pero, ¿significa que el feminismo nos las “arruinó”? Preferimos verlo como una herramienta que nos regala nuevas películas, porque nos regala nuevos ojos para verlas completamente distintas. Sobre todo, el feminismo es una forma de vivir que nos hace más críticas y nos motiva a elevar nuestros estándares incluso de cultura pop. ¿Qué feministragos amargos han tenido ustedes?

@rebeca_lorea es abogada feminista, originaria de Guanajuato, preguntona y acariciadora de perritos. Forma parte del equipo de GIRE.

 


28 mayo 2020


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