En México se le echa limón a todo. En GIRE le echamos feminismo a todo. Es una forma de vivir y convivir, tan cotidiano como el limón.

Premio a la Innovación Jurídica 2018


El 12 de noviembre Regina Tamés recibió el Premio a la Innovación Jurídica 2018, otorgado por El Mundo del Abogado en reconocimiento a su compromiso con los derechos de las mujeres y la valentía con la que ha dado voz a quienes aún se les niegan. Compartimos parte de lo que la Directora de GIRE expresó en la recepción del premio.

Durante muchos años estuve protegida del mundo real. Daba por sentado el privilegio que tenía. Fue en la defensa de los derechos humanos que tomé conciencia sobre la lacerante realidad de nuestro país y esta toma de conciencia coincidió con mi elección de estudiar derecho.

La lentitud de los cambios sociales, políticos, culturales y económicos ha impedido una verdadera igualdad entre hombres y mujeres. ¿Por qué nos cuesta tanto cambiar para que todas y todos estemos mejor? Las mujeres tenemos el derecho a escoger en qué espacios y roles de la sociedad queremos desarrollarnos, pero este derecho todavía se pone en entredicho o se obstaculiza.

Algunas gustamos de ser parte de lo público como abogadas, periodistas, activistas, juezas, secretarias de estado; de tomar decisiones para la sociedad o bien ejercer el disenso. Independientemente de nuestras elecciones, las mujeres en México tenemos que enfrentarnos de manera reiterada a críticas por nuestra forma de vestir, de hablar, por nuestras relaciones personales, y por lo que no hacemos más que por lo que hacemos, a tal punto que hay quienes han sido asesinadas por el simple hecho de ser mujeres.

Cada vez hay más discursos que buscan que la brecha de desigualdad entre mujeres y hombres sea más pequeña; discursos feministas que buscan nuevas formas en las que todos y todas vivamos más felices, con menos violencia y con libertad para decidir lo que es mejor para nosotras.

México atraviesa una situación grave y compleja en la que los derechos humanos son violados sistemáticamente sin haber consecuencias visibles para quienes infringen la ley, reinando la falta de acceso a la justicia. Diariamente sobrevivimos a un sistema de justicia en el que se preserva la impunidad, en el que el dinero y el poder parecen ser los elementos decisivos para ganar o perder una sentencia, un sistema que no considera que las violaciones sistemáticas a los derechos humanos de las mujeres tienen un efecto diferenciado que debemos atender.

El contexto en el que trabajo junto con otras colegas es adverso e inseguro. Ante la desesperanza de lo que padecemos, el derecho puede ser una herramienta de vital importancia. Mi tarea cotidiana es pensar en maneras creativas de utilizarlo, en particular en un campo donde existen un sinfín de pendientes: el derecho a tomar decisiones informadas y seguras sobre nuestra reproducción.

Los derechos reproductivos son determinantes. El dolor de un viudo que perdió a su esposa en la sala de partos por negligencia médica; de las niñas que nos cuentan que las violó su abuelo o tío; de la adolescente que no sabía que estaba embarazada; de la mujer a la que el Estado le impide interrumpir su embarazo pese a que su vida o su salud están en riesgo, o las historias cotidianas del maltrato que viven las mujeres en el parto, nos deberían inundar de rabia.

Hoy sabemos que 66% de las mujeres han experimentado alguna forma de violencia a lo largo de su vida; que se cometen al menos 600 mil delitos sexuales cada año; que una persona es denunciada al día por aborto y que 3 mujeres mueren diariamente por causas prevenibles relacionadas con el embarazo, parto y puerperio. Una realidad que no podemos seguir ignorando.

Defender el derecho a la salud de las mujeres es defender el acceso al aborto, no solo en la teoría, también en la realidad. Actualmente, tengo la suerte de estar al frente de GIRE, una de las organizaciones de la sociedad civil más sólidas en la defensa de derechos humanos en el país. Lo que empezó como una idea en una plática entre Marta Lamas y Patricia Mercado en 1991, fue creciendo hasta convertirse en lo que hoy es GIRE.

Mi paso por GIRE ha sido de las mejores aventuras en mi vida. He tenido la oportunidad de formar un equipo extraordinario de colaboradoras y colaboradores de diferentes perfiles y edades, con quienes todos los días pensamos, discutimos, disentimos y buscamos nuevas maneras de hacer uso del derecho para garantizar los derechos reproductivos de todas las personas, particularmente de las mujeres.

En este premio está implícito el reconocimiento al trabajo que hacemos desde las organizaciones de la sociedad civil, espacios críticos, propositivos y tan necesarios para generar contrapesos. Es claro que la innovación también es valorada cuando está encaminada a lograr una mejora en la vida de las personas. La defensa que hacemos las y los activistas es una pieza clave para seguir modernizando el derecho, asegurándonos de que se está garantizando el estándar más alto de protección para todas las personas.

Este premio reconoce que la lucha de quienes peleamos por las mujeres es la lucha de los derechos humanos, y no sólo la de un sector de la población; reconoce que la impunidad tan lacerante que existe en las violaciones a los derechos de las mujeres también importa.

Mi trabajo de defensa de los derechos de las mujeres busca transformar las instituciones, el quehacer gubernamental, e incluso cambiar el derecho o la manera en que éste se interpreta para garantizar que la agencia que tienen todas y cada una de las mujeres para tomar sus propias decisiones sea respetada y puedan así disfrutar siempre un mejor futuro.

En estos tiempos, el principal muro a derribar es el de la apatía para involucrarnos en generar cambios, incluso en nuestro entorno más inmediato. Es necesario romper la burbuja y dejar de estar cómodas y perpetuando la discriminación. Opciones siempre hay. Es cuestión de voluntad. No es nosotras contra ustedes. Es: nosotras y ustedes.


13 noviembre 2018


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