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En una cajita de fósforos: Literatura infantil para los tiempos que corren.


Por Cecilia Rodríguez

Tal vez las personas mayores
no entiendan jamás de tesoros.
Basura, dirán, cachivaches
no sé por qué juntan todo esto.
No importa, que ustedes y yo
igual seguiremos guardando
palitos, pelusas, botones…
En una cajita de fósforos, María Elena Walsh.

 

La literatura infantil en las últimas décadas ha crecido de manera increíble. A riesgo de parecer viejita, diré que recuerdo lo complicado que era en mi infancia encontrar libros para niñes, y cuando me regalaban uno lo atesoraba con todas mis fuerzas; más o menos intuía el camino que había recorrido para llegar hasta mí, luego tenía que compartirlo con mis hermanos porque así tocaba, pero sin importar el título y el contenido siempre valoraba el objeto. Recuerdo con especial intriga una biografía de Stalin ilustrada, el cuento de La casita bonita que emulaba la imposición del capitalismo sobre el socialismo y algunos otros de la editorial Progreso. Para mí, el esfuerzo que hacían mis padres para que nosotros tuviéramos libros era una expresión entrañable de su amor, quizás por eso aún guardo varios de aquellos ejemplares, como mi amada edición de Donde viven los monstruos.

Muchas veces se ha presentado a la lectura como la infalible arma contra la ignorancia, pensamos que si las criaturas leen serán listas, conscientes y, por qué no, hasta feministas. Sin duda los libros infantiles son una herramienta que felizmente puede acompañar a la crianza; creo también en la importancia de la lectura, pero no de la lectura impuesta como un dique, sino en el disfrute de las letras, el amor por el lenguaje y el éxtasis de encontrar mundos distintos a través de las páginas.

 

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Hace no mucho una amiga me pedía que le recomendara libros para que sus hijes entendieran el feminismo. A partir de esa petición surgió la reflexión que me lleva a este texto. Creo que hay muchas familias pensando: ¿qué les doy a leer a mis crías para que sean unas personas de bien? Quizás, específicamente: ¿qué libros les compro a mis hijos para que sean aliados feministas?, ¿qué deben leer mis hijas para ser mujeres fuertes e independientes? Creo firmemente que esos libros no existen. No pueden existir, porque el libro en sí mismo no es esa arma infalible que cambiará al mundo.

¿Qué debemos leer nosotros como guías y acompañantes de ese proceso? Podemos leer sobre feminismo, pero no para explicarles lo que significa sino para entender nuestra manera de vivir, de cuidar y de acompañar a esos seres en construcción. Acá podemos comenzar con el amoroso texto de Chimananda Ngozi Adichie: Querida Ijeawele. Cómo Educar en el Feminismo y de ahí explorar los muchos títulos que hay al respecto.

A menudo pensamos en les hijes como una masita a la que debemos darle forma; que nuestra responsabilidad es entenderlo todo para explicarles todo. Pero quizás, sólo quizás, debemos comenzar por aceptar que nuestras hijas e hijos no serán el resultado perfecto de nuestros esfuerzos, ni serán pequeñas y mejoradas versiones de nosotros. Así que no, no creo que esas masitas deban formarse a librazos. El lenguaje es una de las riquezas más hermosas con que contamos como humanidad, y cuando criamos tenemos la oportunidad de acompañar ese proceso y tenemos mucho que aprender en comparación con lo que enseñamos.

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María Montessori proponía seguir al infante, reconocerlo y entender sus necesidades y características; no interrumpirle y tampoco apresurarle. De ahí la idea de que, si estamos involucrados en la crianza de un infante, somos sólo guías de un flujo que está buscando el sentido del mundo y en la medida que lo encuentra se va construyendo a sí mismo. Entonces sí, ahí, mezclados con la realidad que rodea a los y las niñas, los libros se convierten en algo.

Mucho se dice sobre el fomento a la lectura y la importancia de la mediación en el proceso. A mí me gusta pensar en que el primer espacio lector del niñe debe ser compartido. Es decir, si acompañamos a nuestras criaturas a leer desde la primera infancia, incluso desde la panza, ellas irán habitando el espacio lector hasta hacerlo suyo. Recordando siempre que leer no es adoctrinar, quizás podemos tomar la oportunidad de enseñarles a nuestros hijos e hijas sobre la libertad de expresión y no prohibir libros o temas. Podemos leer los cuentos clásicos y machistas de princesas porque mientras leemos cuestionamos. El ambiente donde criamos no debe ser perfecto, sino real. Quizás tenemos que poner más cuidado en que los libros que estamos compartiéndoles sean adecuados para su edad, a temer por los contenidos machistas. Aún con todo lo dicho, puedo desglosar algunos tips para compartir un libro con un niñe:

  • Lean libros con mujeres protagonistas. Sí, sobre todo si su hijo es varón. Las mujeres llevamos siglos leyendo sobre universos masculinos. Si queremos un cambio profundo, comienza aquí. Hace unos meses mi hija leía a Julio Verne propuesto por su escuela, a las pocas páginas se percató de que no había personajes femeninos y a la mitad del libro el protagonista se transformó en La capitana Nemo.
  • Lean libros escritos y/o ilustrados por autoras mujeres. Háganselo saber a sus crías, investiguen el proceso que implica hacer un libro. No sirve de nada que la autora sea mujer si no vamos a explicarle la importancia de ese hecho a las criaturas.
  • Lean libros donde las personas sean diversas y sean tratadas como iguales. El feminismo no sólo significa tratar a las mujeres como seres humanos, también es y ha sido una lucha por los derechos humanos de todes.
  • Lean libros biográficos sobre mujeres. Es importante que los niños y niñas sepan que mujeres talentosas que han hecho cosas buenas por la humanidad siempre ha habido, pero que han sido invisibilizadas. Después del boom de cierta edición, ahora hay muchas opciones para distintos niveles lectores.
  • Lean libros sobre los temas que les interesan a sus hijos e hijas, no sólo los que les gustan a ustedes, y nunca impongan un libro. Cuando la o el niño elige un libro está satisfaciendo alguna curiosidad y nuestro trabajo, en todo caso, es encontrar cuál es. (Tengamos cuidado de no ser presas fáciles del marketing.)

Pero, sobre todo, recordemos que no son los libros los que van a formar a les niñes: son las historias que les rodean, la manera en la que actuamos en casa y fuera de ella, y cómo respondemos a sus dudas e inquietudes.

Mientras, cambiar el mundo de la mano de un libro, será siempre más placentero.

Por Cecilia Rodriguez L., @qkiss

Cecilia es comunicóloga, ama cocinar y darle la vuelta a las cosas para ver de qué están hechas.

 

 

 

 

 

 

 


3 septiembre 2021


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