Este blog proviene de la experiencia de dos morras tratando de encontrar vivienda a finales de 2025. Una con una hija y dos perris, y otra con la ilusión de comenzar a vivir con su pareja. Aunque eran circunstancias distintas, un pequeño detalle acompañó la búsqueda de ambas: si un hombre estaba involucrado, las probabilidades de conseguir un lugar aumentaban.
Tal vez no lo crean (o sí…), pero éramos personas de más confianza si nuestra pareja (hombre, por supuesto), nuestro papá o algún amigo nos apoyaban: ya sea como co-arrendatarios, avales o simplemente acudiendo a las citas para ver los inmuebles. Tener los recursos para cubrir tooodos los gastos del proceso era lo de menos, ¡nada como un hombre para dar mayor certeza!
Y cuando hablamos de encontrar vivienda nos referimos a rentar, porque comprar es posible, sí… pero requiere más años de trabajo, un nivel de endeudamiento que es insostenible y enormes sacrificios. Para muchas de nosotras esta sigue siendo la única opción en un escenario de posibilidades reducidas para ser dueña de una vivienda digna.
Al parecer, buscar vivienda con un hombre te da más garantía, como si tú sola no pudieras con lo que implica pagar la renta. Las personas que te muestran el inmueble dirigen su mirada al hombre que te acompaña cuando brindan la información relevante: los días de pago o los requisitos de arrendamiento. En esa invisibilidad, persiste la idea de que las mujeres no podemos adquirir obligaciones contractuales o compromisos financieros.

Conseguir un lugar dónde vivir es toda una odisea (no olvidemos el deseable respaldo masculino) porque, además de enfrentarte a la discriminación de acceso sólo por ser mujer, ubicar una zona y un espacio que se adapte a tus necesidades y recursos, también hay que lidiar con los irreales requisitos que establecen las personas arrendadoras, las inmobiliarias y, por la temporada, el contexto mundialista.

Si cuentas con la fortuna de tener un trabajo formal que te asegura un salario mensual, piensas que tienes lo mínimo necesario para rentar: comprobación de ingresos y solvencia para cumplir con el compromiso de un pago mes con mes.
Haces tus cuentas, sumas, restas, ajustas, y estás segura de que si mantienes intocado lo correspondiente a la renta ¡ya la armaste!, que con una buena administración y quizá algunos malabares lo vas a lograr. Pero luego te topas con la triste realidad del arrendamiento y de que tan sólo en CDMX el ingreso promedio trimestral de las mujeres es de 26, 563 pesos, cifra que disminuye a mayor número de hijxs, menor escolaridad y características como ser indígena y/o hablar una lengua indígena (ENIGH, 2022).

Tres a uno
Ya no basta con que te alcance para la renta: tienes que comprobar que tus ingresos equivalen a, por lo menos, el triple de lo que pagarás de renta, porque lo ideal es que tus ingresos también te alcancen para vivir. No importa si desarrollaste magníficas habilidades para hacer rendir tu salario, quienes ponen en renta sus propiedades tienen que asegurarse de que además de pagarles mes con mes tendrás dinero suficiente para cubrir servicios, alimentos, etcétera. Así que, sin el tres a uno, por tu propio bien, no te rentan.

No se aceptan mascotas ni infancias
Desde octubre de 2025, en CDMX la Ley de Vivienda prohíbe a lxs arrendadorxs negar la renta de un inmueble sólo por tener mascotas, peeeero, aunque menciones dicha la ley en cada cita para ver departamentos, con la mano en la cintura te dicen: “no se aceptan mascotas”. Porque la ley no obliga a aceptarlas y porque además de ti hay una gran fila de personas interesadas en rentar… tú no aplicas, pero habrá quienes sí. Incluso hay departamentos que tampoco aceptan infancias, entonces ¿qué sucede con las familias que tienen niñxs? ¿las jefas de familia? Las opciones se reducen cada vez más.

Aval y referencias
Tu comprobación de ingresos es insuficiente: alguien más tiene que respaldarte y comprometerse a cumplir con tus obligaciones en caso de que tú no puedas. Ok, se entiende, hay que brindar certeza a quien te va a rentar porque, en la mayoría de los casos, se trata de gente que no te conoce y, aunque firmas un contrato de arrendamiento, no saben si realmente vas a pagar puntual y consistentemente. Pero también otras personas tienen que confirmar que sí eres quien dices ser, porque no importa que presentes tu INE, y dar información sobre el tipo de persona que eres.

Cuando eres mujer sola
Otra piedra en el zapato aparece cuando dices que eres soltera y con hijxs. “¿Sí vas a poder con los gastos?”. “Puede firmar el contrato tu papá aunque no vaya a vivir aquí”. Gracias por las facilidades: porque si eres madre soltera, jefa de familia y tienes mascotas, encontrar vivienda es como buscar una aguja en un pajar. Tal vez tengas que enfrentar bateo tras bateo hasta que, por meritita suerte, te topes con alguien a quien le sea suficiente la firma de un contrato. Pero… ¿debería ser la suerte la única forma de que las mujeres solas encuentren vivienda?

El sentido de urgencia
Tengas o no la urgencia de rentar, las inmobiliarias terminan generando un sentido de urgencia y provocando que lxs potenciales inquilinxs desembolsen hasta 5 mil pesos por pagar una investigación y una póliza jurídica, y eso no necesariamente asegura un departamento, ya que puedes o no ser aprobada por el despacho jurídico que realiza la investigación, y muchos no te informan por qué no pasaste. Además, tu dinero simplemente no tiene reembolso.
Al mostrar a más de diez personas, al mismo tiempo, un departamento comienza el juego. Todas lo queremos, y la que deposite primero, cumpla todos los requisitos y pase las pruebas gana. El contexto del Mundial fue el gancho perfecto para las inmobiliarias al repetir una y otra vez: “deberían considerar seriamente esta opción, es posible que no encuentren algo en precio similar y menos con el Mundial, pues mucha gente está prefiriendo poner sus departamentos como Airbnb en lugar de rentarlos de manera tradicional, así que los costos se están incrementando”.

Imagen tomada de: @lagrimas_lagrimogenas_
Las construcciones ya están, lo que antes eran fábricas ahora son departamentos; lo que antes era el hogar de una familia ahora es un Airbnb… Tal vez jamás tendremos una casa en CDMX. Las mujeres enfrentamos un panorama más difícil, pues aunque vivamos en la entidad con “menor brecha salarial” seguimos teniendo poco acceso a créditos de vivienda, incluso aunque trabajemos en el sector formal: de cada diez créditos sólo tres se otorgan a mujeres, mientras que los hombres se quedan con más de seis (Conavi, 2018). Además, la gentrificación y la burbuja inmobiliaria no parecen detenerse en una capital que infló un 30% su oferta de plataformas de hospedaje sólo por la fiebre del Mundial, vaciando edificios de familias para recibir turistas.
Lo que nos queda es seguir trabajando, seguir soñando, ahorrando —si podemos— o, tal vez, ¿pedirle a un hombre que firme el contrato por nosotras?


Dunia (@soyverona) y Fer (@fernandatarinda), morras que podrían ser madre e hija, coincidieron en la odisea de buscar vivienda. Ahora se encuentran procesando esa cruda experiencia, sin dejar de lado la esperanza.