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Ser niña y ser autista


Por Sofía del Carmen Aguiar Reynoso

Cuando pensamos en el espectro autista, a la mayoría de nosotres se nos vienen a la mente siempre los mismos síntomas o manifestaciones. Imaginamos a la persona autista como aquella que apila y ordena juguetes u objetos, tiene dificultades o imposibilidad de comunicarse verbalmente, se concentra o apasiona por un solo tema durante meses o le cuesta hacer amigos. Pensamos en niños pequeños haciendo torres o en alguien inteligente con pocas habilidades sociales, pero —hay que reconocerlo— rara vez viene a nuestra mente la imagen de una niña.

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Podría parecer que la razón detrás de este hecho es numérica: por cada niña diagnosticada dentro del espectro, cuatro niños reciben el mismo diagnóstico. Entonces, es obvio que cuando imaginamos a alguien autista asumimos que es un niño, simplemente porque son más los niños que las niñas. Por alguna razón fisiológica, genética o neurológica, más allá de nuestra comprensión, son los niños los que están en el espectro autista y no las niñas, ¿cierto?

La situación es mucho más compleja que asumir que las niñas y mujeres autistas son tan pocas que, por ello, no pensamos tanto en ellas. En realidad, la discusión médica ha definido el autismo y lo que implica vivir en el espectro autista en función de lo que significa desde la experiencia masculina. Sin embargo, estudios recientes han identificado que no necesariamente existen más hombres y niños con este dignóstico, sino que un porcentaje importante de niñas y mujeres tardan mucho más en ser diagnosticadas (cuando lo son).

Como casi todo en la medicina, lo que se conoce sobre las personas autistas proviene de estudios hechos en niños y hombres. Por ello, aunque se tenga un checklist muy claro de los síntomas que los cuerpos masculinos presentan en el espectro, no es lo mismo para las niñas. Así, se espera a que una niña se comporte exactamente igual que un niño para darle el diagnóstico y si no lo hace los médicos buscan otras explicaciones.

Imágen de psicóloga en sus rodillas, tomando un conejo de peluche y mostrándoselo a una niña sentada en el piso que se sostiene las rodillas.

Sin embargo, este acercamiento ha sido erróneo. Las niñas y mujeres autistas tienen síntomas distintos y viven en el espectro autista de manera diferente a sus contrapartes masculinas. Por ejemplo, estudios han encontrado que las niñas muestran menos comportamientos de repetición y tienen más capacidad de controlar sus impulsos que los niños. Además, las niñas y mujeres, aunque tienen dificultades para socializar, suelen dedicar más tiempo y energía que los niños a aprender e imitar normas sociales y, por ende, a formar amistades con mayor frecuencia. Así, suelen diagnosticarse únicamente a las niñas que viven en el espectro más “grave” —es decir, aquellas con discapacidad intelectual o sin capacidad de comunicación— y aquellas que manifiestan síntomas más leves suelen no ser identificadas como autistas —un diagnóstico común es el TDAH—.

A la larga, el no ser diagnosticadas oportunamente les pasa factura. Al no recibir la ayuda y el apoyo adecuado, las niñas y mujeres no diagnosticadas tienden a desarrollar, con más frecuencia, depresión y ansiedad. La falta de reconocimiento de sus síntomas y el tener que enmascararlos con tal de ser aceptadas termina por desgastar severamente su autoestima.

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Vivir con autismo o con cualquier otra neurodivergencia viene acompañado de estigma, desinformación y discriminación. Las niñas y mujeres que viven dentro del espectro autista son mucho más propensas a vivir todo eso solas y sin asistencia, debido a que el sistema de salud las ha ignorado y obligado a habitar un mundo capacitista en la oscuridad.

Los espacios feministas tienen la obligación de cuestionar constantemente la forma en que la medicina ha estudiado los cuerpos de las niñas y mujeres, y cómo la disciplina en su conjunto ha desestimado e ignorado nuestros malestares y padecimientos. Esto, sin duda, incluye a las que viven con alguna neurodivergencia. Es responsabilidad de todes hacer que se sientan seguras en el feminismo y apoyarlas.

Recomiendo seguir a creadoras de contenido como @paigelayle, @mujerautista y @aline.bravo en Tiktok para aprender desde sus voces, y seguir el trabajo de organizaciones, como Autistic Girls Network, que difunden información y educan sobre cómo es ser una mujer con autismo, o SPARK, que financia investigación sobre el tema.

Y nos toca también exigir a la comunidad médica que incluya a la diversidad de cuerpos en sus investigaciones y que, en consecuencia, brinde atención con perspectiva de género.


Sofia es abogada, fan del béisbol y sigue siendo directioner. Es creyente de que todo lo puede solucionar comiendo algo rico. Forma parte del equipo de GIRE.

Sofía GIRE


22 septiembre 2022


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