En México se le echa limón a todo. En GIRE le echamos feminismo a todo. Es una forma de vivir y convivir, tan cotidiano como el limón.

Somos Gire: Silvia


Uno de los ejes del trabajo de GIRE es el acompañamiento que damos a mujeres y familias que han vivido violaciones a sus derechos humanos: mujeres tratadas como delincuentes por interrumpir un embarazo, víctimas de violencia durante la atención del parto o niñas que sufrieron violencia sexual y las obligan a ser madres.

Durante muchos años, el primer contacto de estas mujeres y sus familias tuvo una voz cálida y comprensiva. El rostro empático que acompañó a familias de mujeres que murieron durante el parto y a mujeres víctimas de violencia sexual fue el de Silvia. Ella ha trabajado en GIRE casi desde su fundación. El trabajo de nuestra organización se hace gracias al talento, el profesionalismo y la sensibilidad de cada una de las personas que colaboramos aquí.

Silvia nació en la Ciudad de México y es la sexta de siete hermanos. Recuerda con cariño su infancia en la Colonia del Valle, donde jugaba entre las palmeras enormes que separaban los dos carriles de la gran avenida Cuauhtémoc de ese entonces. Era una niña traviesa y le gustaba andar en bicicleta y jugar con sus amigos vecinos en la calle hasta tarde. Le encantaba salir con sus hermanas a la tienda, ellas siempre le daban dulces a cambio de que no dijera que aprovechaban el momento para ver a sus novios.

Un día, cuando tenía tan solo tres años, Silvia salió corriendo del departamento y se asomó por el barandal para gritarles a sus hermanas que la esperaran. En ese momento, el barandal se rompió y ella se cayó por la caja de la escalera desde el tercer piso.

Recuerdo la sensación de ir cayendo. Es una de las sensaciones que no se me olvida nunca. En momentos de mucho estrés sueño que estoy cayendo. Pero no me pasó nada. Ni un rasguño. Desde allí, en el edificio me pusieron “Milagritos”.

En los años noventa Silvia trabajaba en un banco cuando conoció a María Luisa Sánchez, quien estaba en GIRE en ese entonces. Se hicieron amigas y María le contaba a Silvia sobre la labor que hacía la organización.

Ella me platicaba lo que hacía GIRE, me dejaba con la boca abierta. Para mí, de veras, era como entrar a otro mundo, a otra realidad completamente desconocida. Fue la primera vez que escuché sobre el aborto.

Un día María le llamó a Silvia para preguntar si no sabía de alguien a quien le interesara el puesto de recepcionista en GIRE. Cuando Silvia colgó, su esposo Carlos le preguntó: ¿Y por qué no tú?

¡No lo había pensado! Entonces dije: Voy a ir a entrevistarme, a ver qué tal… Tenían un horario mixto que me permitiría salir a tiempo para recoger a mis hijos de la escuela. Me acuerdo que cuando entré estaba un evento que reunía a muchas mujeres de todo el mundo. Me encantó ver toda esa fuerza. Los primeros meses fueron descubrir una nueva forma de vida, un nuevo lenguaje, fue darme cuenta de mí como mujer.

 En octubre de ese año a Silvia le diagnosticaron cáncer de mamá y se ausentó de GIRE temporalmente. Cuando terminó el tratamiento, ella sentía la necesidad de regresar lo antes posible y así lo hizo.

Para mí, GIRE fue ese lugar donde yo encontré la fuerza para salir adelante. Yo decía: ‘Tengo muchas cosas qué hacer aquí. Me había dado cuenta de lo que pasaba con las mujeres y dije: ¿Cómo no voy a formar parte de ese cambio?

Durante sus próximos años en GIRE, muchas veces fue el primer contacto con las mujeres que llamaban buscando información sobre aborto. Silvia aprendió a escuchar a las mujeres y orientarlas durante estos acompañamientos. Recuerda especialmente el acompañamiento a una adolescente de Tijuana: su papá la apoyaba juntando todo su dinero para que ella pudiera llegar a la Ciudad de México para interrumpir un embarazo producto de una violación.

No tenía cuerpo de mujer, era una niña, una adolescente. Ella iba asustada porque sabía que lo quería hacer, pero estaba sola en una ciudad enorme. En ese entonces mi hija tenía su edad. Entonces yo decía: Si mi hija pasara por esto, ¿cómo me gustaría que lo viviera? Le dije que iba a estar allí con ella en todo momento.

Cuando la chica salió del procedimiento, inmediatamente preguntó por Silvia.

Años después, en 2007, Silvia estaba parada afuera de la Asamblea Legislativa del entonces DF cuando se aprobó la despenalización del aborto en esta capital.

El día de la decisión había un montón de gente, de policías. Todo GIRE estaba allí, y no te puedo describir la emoción. Era tener la seguridad de que por fin las mujeres iban a tener espacios en donde estar atendidas. Y pensé en esa adolescente de Tijuana y tantas más, todas las que había acompañado.

A pesar de los avances, Silvia asegura que la lucha no se acaba.

Todas esas mujeres son quienes han hecho que GIRE sea lo que es. Cada que una mujer se acerca y pone su confianza en nosotras, hay una gran responsabilidad, allí, de estar a su altura. Las mujeres mismas son el motor de GIRE, la razón de seguir luchando. Cuando empecé a escuchar las razones por las que cada quien tomaba sus decisiones, entendí que realmente la vida de cada una es diferente. No hay más que eso. Y apoyarnos. Es un privilegio acompañar a las mujeres. ¿Cómo no transformarte ante eso?


10 diciembre 2018


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