Obsession: hay personas que no entienden el consentimiento y se les nota
Banner del blog “Obsession: hay personas que no entienden el consentimiento y se les nota”. Contiene la ilustración de una mujer que está comiendo palomitas.

Obsession: hay personas que no entienden el consentimiento y se les nota

Por Ana Albarrán

Me gustan las películas de terror que van más allá de historias con seres sobrenaturales que están llenas de jumpscares sólo para alterarte. Me gusta la propuesta del terror moderna que verdaderamente te hará tener pesadillas: el ambivalente comportamiento humano y sus motivaciones que salen de lo que consideramos moralmente correcto.

 

 

Obsession es ejemplo de ello y ya está creando una gran conversación en redes, no sólo por el reconocimiento de una buena trama y excelente actuación del reparto sino por la inesperada interpretación del mensaje principal. 

En pocas palabras y para avanzar a la carnita, Obsession es una película de terror psicológico sobre un hombre llamado Bear que ha estado enamorado por años de su amiga Nikki. Su personalidad insegura no le ha permitido declararle su amor así que, en un momento de frustración ante un rechazo inminente, usa un objeto mágico que promete cumplirle un deseo y, por supuesto, Bear lo hace para que Nikki lo ame más que a nadie en el mundo. 

El deseo se cumple pero rápidamente este “amor” que llegó por arte de magia se transforma en actos maníacos y codependientes que culminan en una serie de reacciones violentas, mostrando que la verdadera obsesión no era la de Nikki hacia Bear producto del deseo sino de Bear por mantener una relación con ella sin importar las consecuencias. 

Una trama interesante y simple. O eso pensaba yo hasta que empecé a notar que en redes se estaba generando un debate por definir quién era el villano y quién la víctima de la historia. 

Para mí era muy claro. Bear, desde el egoísmo, usó un deseo para coaccionar a Nikki y lograr lo que él quería, manteniéndola en una relación en contra de su voluntad, despojándola del control de su cuerpo y mente. Pero para mi sorpresa otras personas vieron la historia de un pobre hombre enamorado que terminó siendo víctima de un deseo maldito y una novia enloquecida. 

 

La contraparte argumenta que únicamente fue un error y todo lo sucedido no fue responsabilidad de Bear, sino de un deseo malinterpretado pues él “sólo quería amor”. 

Algunos decidieron quedarse con la imagen de los primeros minutos que muestran a un hombre tímido e incomprendido, que se siente solo y se encuentra vulnerable atravesando un par de duelos que lo tienen emocionalmente inestable. A pesar de todo, es un “buen chico”. 

Su soledad es real, su sentimiento de frustración es real, su contexto complicado es real, pero también lo son sus acciones.

Desde nuestros asientos somos testigos de diferentes momentos (bastante explícitos) donde la verdadera Nikki está resistiéndose a este tipo de posesión; está sufriendo y suplicando ayuda para salir de esa situación. Se lo hace saber de muchas maneras a Bear, pero él decide ignorarlo. Continuar. Disfrutar. 

Aun cuando las cosas se empiezan a complicar y Bear siente miedo e incomodidad con las acciones de Nikki, busca la manera de ALTERAR el deseo. No cancelarlo. Este es el único momento de una posible redención y vemos a un hombre que se niega a perder los beneficios que consigue en esa relación obligada. Su único propósito es eliminar las molestias que le generan.

Y es que tales beneficios no sólo provienen de Nikki. Al exterior de su relación también identifica la admiración/envidia de sus cercanos por mantener un vínculo con una mujer apreciada como inteligente y atractiva; Bear reafirma su hombría frente a otros hombres, como lo explica Rita Segato con el mandato de la masculinidad: ese mandato exige demostrar su potencia sexual, económica, bélica, intelectual, etcétera, para el reconocimiento de sus pares, otros hombres.

El centro del argumento del filme está en la motivación de Bear: Si tengo la opción de cumplir mi deseo anulando los tuyos, lo haré. No es un error, es la constante elección de ignorar los sentimientos de la otra persona y superponer los suyos. Eso no es amor, es fascinación por sentirse en control.

La trama plantea de esta manera el dilema del consentimiento, un concepto que ha costado tanto para la comprensión, sobre todo en el ámbito afectivo y sexual, siendo éste nada más que el derecho de manifestar tu voluntad para aceptar o rechazar una propuesta o acto. Estar de acuerdo activa y constantemente, de manera consciente para participar en algo.

Nikki no tenía esa capacidad, no fue libre de decidir, no aceptó estar en esa relación, no pudo irse cuando quería. 

Recalco que lo aterrador no es ver las consecuencias fatales de un deseo maldito. El terror no está en la posesión, el terror está en la anulación de elección, de libertad y autonomía de una mujer para cumplir la fantasía amorosa de un hombre. 

Da miedo notar que no todos llegamos a la misma conclusión, que se justifican las acciones del protagonista, que se trata de redireccionar la responsabilidad e incluso señalar a la propia protagonista como villana. 

La discusión ha llegado a tal punto que el director tuvo que salir a aclarar que el protagonista era el villano de la historia. Incluso, dado el revuelo de toda la conversación en redes, la película ya ha sido categorizada como Incel Horror, un subgénero de terror contemporáneo que explora temas como el derecho sobre el cuerpo ajeno y la misoginia digital por parte de hombres radicalizados en la “manósfera”. Otro gran tema que tocaremos en otro momento. 

Meme de un emoji amarillo sonriente que alza el pulgar. Le acompaña el texto “pero bueno jaja avr q pasa”

Te invito a ver la película y compartirnos tu opinión.

Autora

Fotografía de Ana. Ella es una mujer joven de piel blanca que tiene el cabello pintado color morado. Usa lentes de armazón negro y tiene los labios pintados.

Ana es comunicóloga, feminista y miope. Su obsesión por los legos y los rompecabezas la ha llevado a buscar las piezas para darle propósito a su vida. No las ha encontrado.

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