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A distancia, pero articuladas

enero 11, 2021

 

2020 ha sido un año de confrontación y reflexión que nos ha reafirmado, entre otras cosas, la importancia de las redes y sus múltiples maneras de co-construir, coexistir, sostener(nos) y acompañar(nos). Además, en estos tiempos en que es necesario distanciarnos para cuidarnos, construir de manera colectiva es también una apuesta política.

Decir que el 2020 ha sido un año complejo ya suena trillado y, por momentos, hasta injusto, sobre todo porque reconocemos que estamos en medio de una crisis social, de salud y económica a nivel global y sin precedentes.

Lo que es innegable, lejos de los adjetivos y vivencias personales, es que 2020 ha sido un año de confrontación y reflexión que nos ha reafirmado, entre otras cosas, la importancia de las redes y sus múltiples maneras de co-construir, coexistir, sostener(nos) y acompañar(nos). Además, en estos tiempos en que es necesario distanciarnos para cuidarnos, construir de manera colectiva es también una apuesta política.

La pandemia por COVID-19 reafirmó los impactos diferenciados que el sexo y el género tienen en la vida de las personas y lo poco que ha hecho el Estado para cumplir con su obligación de garantizar los derechos humanos de las mujeres. Por ejemplo, hoy sabemos que han muerto mucho más hombres que mujeres, pero también que COVID-19 es la principal causa de muerte materna en México, que la violencia familiar contra las mujeres y la violencia de género hacia personas de la diversidad sexual han aumentado, que ha habido una expulsión de las mujeres del mercado laboral y que existe una fuerte crisis de cuidados.

Desde el Observatorio Género y COVID-19 en México dejamos claro que, si bien la pandemia nos coloca ante grandes retos, en la defensa de los derechos vamos juntas y buscamos que este esfuerzo colectivo contribuya a la construcción de realidades en donde la justicia y la igualdad sean el marco de acción.

Los motores detrás de la construcción de este esfuerzo son varios: por una parte, la necesidad de visibilizar los impactos diferenciados, no sólo por sexo y género sino también por otras formas de opresión como el racismo o el clasismo; por otra, evidenciar la respuesta –o falta de ella– del Estado a través de ejercicios de contraloría social. Además, este esfuerzo busca seguir exigiendo que existan políticas públicas y acciones que respondan a estas problemáticas y resaltar la importancia de construir redes entre las organizaciones de la sociedad civil para articularnos, visibilizar nuestro trabajo y potenciarlo.

El Observatorio fue lanzado el 30 de junio de 2020 y actualmente está conformado por 30 organizaciones y colectivas expertas en 18 temas que son: aborto seguroacceso a anticonceptivoscuidadosfeminicidiosjornaleras agrícolasmuerte materna y violencia obstétricamujeres con discapacidadmujeres con VIHmujeres de población callejeramujeres indígenas y afromexicanasmujeres migrantesmujeres privadas de la libertadniñas y adolescentespersonas LGBTIQA+, personal de saludtrabajadoras del hogartrabajadoras sexuales y violencia familiar y refugios.

Cuenta con un micrositio que se actualiza de forma mensual y cada tema se compone de cuatro secciones: a) lo que sucedía antes de COVID-19, para evidenciar las fallas estructurales anteriores a la pandemia; b) el impacto de la pandemia por COVID-19, para visibilizar los impactos diferenciados; c) el papel del gobierno al respecto, con el fin de mencionar qué se ha hecho o qué se ha dejado de hacer; y d) las acciones que desde la sociedad civil estamos implementando, así como las recomendaciones que le hacemos al Estado.

Cada tema cuenta con un semáforo a través del cual las organizaciones que colaboran en cada uno de ellos evalúan la respuesta del gobierno. Este semáforo está compuesto por cuatro colores: rojo, si el Estado ha sido omiso completamente o ha tomado alguna acción perjudicial; naranja, si existen pronunciamientos públicos, pero no acciones concretas; amarillo, si hay acciones y pronunciamientos, pero está pendiente o es deficiente su implementación; y verde, si hay medidas idóneas completadas.

Este esfuerzo colaborativo nos ha mostrado también los múltiples cruces e intersecciones que existen entre los temas y cómo afectan de manera particular a ciertas poblaciones, como en los casos de mujeres migrantes, trabajadoras del hogar, personas trans privadas de la libertad, mujeres indígenas jornaleras agrícolas, mujeres embarazadas con VIH, mujeres con discapacidad privadas de la libertad, entre muchísimos otros. Algunas de estas historias se pueden encontrar en un podcast que lanzamos en colaboración con Candela Cine y Yolanda Segura, así como en una serie de reportajes en colaboración con Animal Político.

Somos una articulación viva, en construcción y abierta a nuevas colaboraciones. Hemos trabajado durante seis meses ya. Nos regimos por unos acuerdos de colaboración que buscan cuidar a las personas y al espacio que compartimos. Estamos convencidas de que cada una de las personas y organizaciones que participamos en este esfuerzo aportamos una perspectiva que lo fortalece. En un contexto que se torna cada vez más injusto e incierto, elegimos construir bajo la certeza de que estamos juntas para hacerle frente.

 

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