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Ante el odio #ApostasíaYa

octubre 18, 2016

Por: Omar Feliciano (@tipographo)

Estoy harto de tener que defender mi existencia una y otra vez ante los embates de quienes quieren quitarme mi derecho a decidir sobre mi proyecto de vida. Desprecio profundamente a esos que predican el amor al prójimo, al tiempo que esparcen mentiras y piden una ciudadanía de segunda para mí y mi familia. No se equivoquen, no hay bondad en sus acciones, sólo la necesidad de reafirmar la hegemonía de la heterosexualidad, como régimen político de privilegio.

Lo que siglos de desarrollo teológico no lograron, el odio lo pudo: las asociaciones religiosas de diversas denominaciones dejaron atrás el encono y los cismas para marchar pidiendo la restricción de derechos para las parejas del mismo sexo y sus hijos e hijas. Católicos, evangélicos, mormones y algunas otras iglesias han iniciado una cruzada, instigada por la iniciativa de Peña Nieto. Gracias presidente, no sólo mató el nacionalismo revolucionario al invitar a Trump en calidad de Jefe de Estado, sino que revivió a la Cristiada con su iniciativa hueca que anunció para presentarse como progresista.

Los crímenes de odio siguen a la orden del día, el sistema de salud carece de indicadores y protocolos para la atención de la diversidad sexual, la precariedad sigue a la orden del día para las personas trans, la educación sexual sigue incompleta y ahora está amenazada por esta ola conservadora. Esto sólo es por mencionar algunos de los problemas en los sistemas de salud, empleo, educación y procuración de justicia No necesitamos el matrimonio igualitario en la Constitución, necesitamos que los derechos humanos se respeten, que las instituciones funcionen, por ejemplo, sancionando a los ministros de culto que llaman a oponerse a las leyes y las instituciones.

En estos días que todo mundo habla de su familia, la respuesta a las movilizaciones del odio han sido reflexiones personales sobre el vivir en familia. Supongo es mi turno: he marcado distancia de mi familia extendida, no por rechazo sino por la necesidad de construir familias por elección que entiendan las necesidades específicas de quien disiente de la norma sexual. Los mejores 5 años de mi vida los viví en “Casa Macha”, una casa montada por Islandia y Chichis Glam, que albergó proyectos vitales como Burlesquimeras, su proyecto de Burlesque Queer. Aunque ahora ambas se han ido de la ciudad a seguir sus proyectos personales en Montreal y Oaxaca, el lazo que nos une persiste, así como la familia extendida que construimos alrededor de ese hogar. ¿Necesitábamos que el Estado nos reconociera? No.

Desde hace año y medio he construido mi propia familia por elección. Judith Buttler ha descrito como una estrategia queer el establecer linajes alternativos tal como en el sistema de Casas que ocurre en la escena Ballroom que nació en Harlem y ahora alcanza varios rincones del mundo. Siguiendo esta estrategia, House of Apocalipstick, mi familia, fue fundada sobre la amistad con Victoria Letal (que cruza décadas de nuestras vidas) y hemos creado un ambiente para que los jóvenes que se acercan a nosotros encuentran la mejor forma de expandir sus mentes, fortalecer sus habilidades y ganar seguridad en sí mismos, mientras bailan voguing. Alrededor de una estética buscamos consolidar una ética de cuidado de sí mismos, de respeto y de mejoramiento personal.

Hoy, por mis familias, por mi libertad de conciencia y como forma de protesta, he decidido apostatar, es decir, pedir a la Iglesia Católica que deje de considerarme en sus filas por haber sido bautizado cuando aún carecía de la conciencia para elegir libremente. He escrito al Arzobispo Norberto Rivera para que se elimine mi nombre de sus registros y se me deje de contar, para términos estadísticos, como parte de su iglesia, todo con fundamento en el derecho canónico, los derechos humanos salvaguardados en la Constitución y la Ley Federal de Protección de Datos Personales en Posesión de los Particulares.

“En ejercicio de este derecho inalienable, en plena conciencia y con entera libertad, he resuelto que no deseo pertenecer a la Iglesia Católica Apostólica Romana, ni estar vinculado a ella de manera alguna, ni autorizar a esa institución a que lleve registro alguno sobre mis creencias. Desde hace años profeso y practico el Budismo Mahayana; no me había parecido importante apostatar, sin embargo, con las recientes movilizaciones instigadas por la jerarquía católica, considero que mi nombre no puede estar asociado a una maquinaria de odio que busca limitar mis derechos en un Estado laico”, escribí la misiva dirigida a Norberto Rivera.

Espero una respuesta expedita, respetuosa y clara por parte de la institución. Les invito también, si ustedes sienten que no les representa la institución que esparce el odio, a expresar su deseo de que su nombre sea borrado de los registros y que efectivamente queden fueran de esta maquinaria del odio. Mi convicción personal, mi vida familiar, y mi trabajo en GIRE es inspirado por la libertad, la autonomía y la igualdad en el marco de los derechos humanos; eliminar mi nombre de los registros de esa institución que me desprecia a mí y a mis seres queridos, es un mínimo acto de congruencia que puedo realizar.

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