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¿Cómo conciliar la vida laboral y la vida personal?

abril 5, 2021

Para hacer posible la conciliación entre la vida laboral y la vida personal se requieren políticas de corresponsabilidad como la creación de instituciones para el cuidado de las y los hijos de madres y padres trabajadores, horarios laborales más flexibles, permisos de paternidad para que los hombres tengan más tiempo para compartir con su familia y, sobre todo, para incrementar su participación en las tareas domésticas. Todo esto con el fin de establecer un equilibrio entre hombres y mujeres, y eliminar la doble jornada de trabajo que recae sobre las mujeres.

Considerar a las personas trabajadoras completamente disociadas de todo lo que no es trabajo ha provocado que se olvide la vida privada –y, con ella, el tiempo para el descanso y el esparcimiento, convivir con la familia y hacerse cargo de las responsabilidades del hogar– como necesidad fundamental de todos los seres humanos.

La conciliación entre la vida laboral y la vida personal, reproductiva o familiar es un concepto desarrollado en los últimos años que busca una relación armoniosa entre estos dos ámbitos –comúnmente fragmentados y en conflicto– y terminar así con las situaciones de explotación laboral, opresión, desigualdad y violaciones a derechos humanos que enfrentan la mayoría de las personas.

Desde GIRE promovemos un contexto de igualdad para que hombres y mujeres puedan conciliar su vida laboral y personal a través de medidas como estancias infantiles para madres y padres trabajadores, horarios flexibles y licencias parentales, entre otras, y visibilizamos cómo la forma en la que la legislación mexicana reconoce prestaciones de seguridad social relacionadas con la vida reproductiva y familiar –además de ser insuficiente a la luz de los compromisos internacionales del Estado mexicano en la materia– genera situaciones concretas de discriminación.

En general, la falta de conciliación afecta a las mujeres en mayor medida. De ahí que la necesidad de conciliar responde también a la búsqueda de una plena igualdad entre hombres y mujeres, y de terminar con situaciones de opresión que aún viven las mujeres, ya que muchas de ellas se encuentran frente a la doble exigencia que significa cumplir al cien por ciento con las responsabilidades laborales y las responsabilidades familiares y del hogar, mientras que la mayoría de los hombres no.

La desigualdad estructural y la división tradicional de roles impiden –tanto a hombres como a mujeres– el acceso pleno a sus derechos humanos. En el caso de las mujeres se ven afectados sus derechos laborales ya que, independientemente de si tienen un trabajo remunerado o no, continúan con cargas mucho mayores de trabajo no remunerado tanto en lo relativo al trabajo doméstico (preparar y servir alimentos, limpiar la casa, lavar o planchar la ropa de la familia, hacer las compras para la comida o la limpieza), como al trabajo de cuidados (ya sea de las y los hijos menores de edad o de familiares con alguna discapacidad o familiares adultos mayores).

Para hacer posible la conciliación entre la vida laboral y la vida personal se requieren políticas de corresponsabilidad que hagan frente a esta desigualdad, y faciliten a hombres y mujeres hacerse cargo de sus diversas responsabilidades a partir de la reasignación de roles, haciendo énfasis en que la necesidad de conciliación no es “un problema de las mujeres”, sino que compete también a las y los empleadores, al Estado y a la sociedad.

Algunos ejemplos de este tipo de políticas son la creación de instituciones o espacios para el cuidado de las y los hijos de madres y padres trabajadores, horarios laborales más flexibles, permisos de paternidad para que los hombres tengan más tiempo para compartir con su familia y, sobre todo, para incrementar su participación en las tareas domésticas. Todo esto con el fin de establecer un equilibrio entre hombres y mujeres, y eliminar la doble jornada de trabajo que recae sobre las mujeres.

En el contexto de la pandemia por COVID-19, las mujeres se enfrentan al reto de continuar con su jornada laboral para recibir una remuneración y lidiar con el incremento de las labores no remuneradas. El estudio Madres trabajadoras y COVID-19: efectos de la pandemia en circunstancias de teletrabajo en México muestra el impacto que ha tenido la pandemia en diferentes aspectos del desarrollo, lo que ha generado un incremento de las desigualdades de género.

De acuerdo con el estudio, las experiencias de las mujeres muestran que, a partir del momento en que comenzaron a trabajar desde casa, aumentó la carga laboral, se presentaron dificultades para tener un horario fijo y poder desconectarse del trabajo, y hubo un cambio en su productividad debido a que no sólo atienden asuntos relacionados con el trabajo sino también asuntos familiares. Asimismo, muestran que la pandemia dificulta aún más la conciliación de la vida laboral y la vida personal, aun cuando por las circunstancias pareciera no haber un límite claro entre los dos ámbitos.

La pandemia ha venido a confirmar que para lograr un mayor equilibrio en el cumplimiento de las responsabilidades laborales y las responsabilidades familiares y del hogar se requiere una serie de cambios en la forma como están organizados el mundo del trabajo y el hogar, lo cual implica modificar también los patrones culturales que mantienen los estereotipos de género fijos y en constante reproducción. Mientras se siga creyendo que las mujeres –por el solo hecho de serlo– deben dedicar más tiempo a las labores domésticas y de cuidados que los hombres, no podremos hablar de una verdadera conciliación de la vida laboral y la vida personal.

 

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