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Editores humanos, no algoritmos

octubre 18, 2016

Por: Elena Rojas (@tripitasrojas) y Mariana Roca (@SansSobriquet)

No se confunda. Hoy con “humanos” no nos referimos a que muestren compasión y sensibilidad, sino a que genuinamente sean personas, de carne y hueso, con un par de ojos y un cerebro que, por muy mal que funcione, siempre tendrá mejor criterio que una máquina.

La labor del editor es, precisamente, tomar decisiones editoriales. Éstas se refieren a lo que aparece o no en cierto producto editorial: una revista, una página de internet, un periódico (digital o impreso), un libro, un blog, una cuenta de Twitter. Cuando nos sumamos a una red social, aceptamos una serie de reglas y condiciones. Entre éstas, encontraremos lo que dicha red hará con nuestra información y a qué tenemos derecho como usuarios y a qué no. En general, dirán que no tenemos derecho a ofender a otras personas. ¿Pero qué significa ofender? Es subjetivo.

A algunas nos ofende la apología de la violencia, cuando alguien escribe o retrata para lastimar a otros, las agresiones y las burlas. Sin embargo, puedo respetar que para ciertas culturas o creencias, hay otras cosas que resultan ofensivas. Ahora, ¿que en la red haya algo que me ofende significa que debe desaparecer de la red? Honestamente, creemos que no.

Si bien los medios de comunicación masiva tienen una responsabilidad sobre el tipo de información que comparten y la forma en que lo hacen, cada quien es responsable de consultar o dejar de consultar aquellos sitios o medios cuyos contenidos puedan resultarle ofensivos. ¿Preferiríamos que no existieran? Quizá. ¿Podemos decidir eso nosotras? No. Precisamente porque nuestro derecho a la información y a la libertad de expresión no son más ni menos importantes que los de la persona de junto.

Los medios de comunicación y, más recientemente las redes sociales, son responsables por influir en el cambio social. Son agentes de cambio cuyo alcance es cada vez mayor. Facebook se ha convertido en mucho más que una red social. Es una fuente de información, una revista, un chismógrafo, un juego, una realidad, un lugar para hablar de lo que nos importa, como individuos y como sociedad. Hoy en día, 44 por ciento de los estadounidenses obtiene sus noticias diariamente a través de FB. Es más raro encontrar una persona que no usa dicha red, que un trébol de cuatro hojas. Esto significa que la que naciera como un pasatiempo, hoy tiene usuarios de todas las edades, contextos políticos, sociales y culturales y mucho más poder que los diarios más populares del planeta. Pero, ese poder también implica responsabilidad. Ahora, más que nunca, FB es responsable de contar con un editor de carne y hueso cuyo criterio funcione y permita que las personas se expresen con libertad sin que nadie se sienta ofendido.

Algunos gobiernos han pedido a FB que en su país se evite cierto tipo de contenidos. Estas restricciones (aunque violan el derecho a la información de los usuarios) son exclusivas de estos países. Significa que, por ejemplo, una persona en Irán no puede ver ciertos contenidos, ni subirlos a la red. No significa que todas las personas del mundo tengamos que atenernos a las reglas iraníes. Esto sí puede lograrse a través de un algoritmo. FB se jacta de tener los mejores algoritmos, capaces de discernir entre un contenido artístico y uno pornográfico, de distinguir entre discurso de odio y libertad de expresión, de identificar una denuncia fundamentada de un capricho de quienes buscan que el mundo sea de una sola manera.

Sin embargo, el algoritmo resulta insuficiente: Más de una vez FB ha impedido la difusión de imágenes cuyo valor histórico es indiscutible. ¿Dónde está la libertad de expresión si estas decisiones dependen de un algoritmo que calcula el porcentaje de piel desnuda que aparece en una imagen y así determina si es inapropiada? ¿Es preferible leer las agresiones que muchos lanzan a una mujer que ver un pezón en una foto artística?

Foto: Inge Grodum
Foto: Inge Grodum
Si nos invita a su casa, ¿podemos opinar diferente que usted? En un espacio abierto, incluso gratuito, como FB, ¿es válido compartir contenido que nos parezca relevante? ¿Es válido que todos usemos el poder de alcance de dicha red para manifestar o informar sobre aquello que consideramos pertinente o que puede ser de beneficio para otros? ¿O el uso de la red se limita a reciclar el contenido (en muchas ocasiones soso) que aprueban los “dueños” del algoritmo?

La pregunta central es, ¿dónde están las personas a cargo de tomar estas decisiones editoriales? El algoritmo pareciera cadenero de antro, decidiendo quién entra y quién no. Las redes sociales deben utilizarse para incentivar a la gente a opinar, involucrarse, informarse e incluso tomar acción en contra o a favor de algo que vaya acorde a sus convicciones personales, ya sea a favor del aborto o de usar camisas de colores los viernes a la oficina. Es necesario que FB se tome más en serio la responsabilidad editorial que ha obtenido. De ellos depende mucho del clima social, la dirección que tomará la opinión pública y, aún más, el tipo de dialogo que se permite dentro de nuestra sociedad. ¿Queremos ser plurales y escuchar a todos? ¿O en realidad no?

En este instante, hay 20 mil 249 personas hablando de las elecciones estadounidenses, (sólo con la etiqueta #debate). Y dichas elecciones afectan e interesan al mundo entero. FB parece ser el medio elegido por la mayoría para comunicar y compartir la opiniones y notas al respecto. Significa que es un buen momento para afinar el criterio para el contenido que se puede compartir. No es un antro, es la realidad. Si somos personas de carne y hueso difundiendo contenidos, debería haber personas iguales administrándolos. La censura no es un recurso inteligente, ampliar el espacio para la discusión sí.

Sabemos que hay muchas personas que no están a favor de que las mujeres tengan acceso a sus derechos reproductivos. Algunos consideran este tema como sensible. Sin embargo, entre los derechos de las personas está poder acceder a esta información, y no debería ser un algoritmo quien decida si la información difundida por GIRE y Andar es ofensiva. Siempre que la información sea de calidad, debería estar al alcance de todos. ¿De veras la red que ha logrado sistematizar la censura es la red que está a la vanguardia? Quizá falta el toque humano para lograrlo.

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