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Estampa beata de Duarte

abril 17, 2017

Por: Omar Feliciano (@tipographo)

Javier Duarte y Karime Macías son flanqueados por los líderes religiosos de Veracruz, quienes califican como un momento histórico la firma del decreto que incorpora el derecho a la vida en la constitución de Veracruz. Ese 23 de agosto de 2016 los grupos antiderechos sellaron su pacto con Javier Duarte, quien ya era señalado por su notoria corrupción. Los representantes religiosos decidieron lavar su imagen a cambio de una reforma constitucional que erróneamente difunden como un “blindaje antiaborto”. La firma ocurrió en el Instituto Rougier, la escuela de “Los Porkys”, los privilegiados agresores sexuales prófugos en el extranjero. Una de las estampas del Duartismo que no hay que olvidar.

Duarte cayó y este no es el fin de su historia; es apenas el principio de un proceso que muchas personas ya señalan como parcial, incompleto y potencialmente amañado. Después de todo su esposa y cómplice, Karime Macías, no tiene orden de aprehensión pese a que en febrero se descubrió su diario donde detalló el manejo de cuentas, inversiones y prestanombres. Como presidenta del DIF estatal, Karime Macías se llenaba la boca hablando de los esfuerzos por disminuir la mortalidad materna, al tiempo su esposo malversaba 2 mil 338 millones de pesos del Fondo de Aportaciones para los Servicios de Salud, sólo en 2015.

A Duarte se le giró orden de aprehensión por delincuencia organizada y operaciones con recursos de procedencia ilícita. Tras la extradición enfrentará procesos por enriquecimiento ilícito, peculado e incumplimiento del deber legal. La Auditoría Superior de la Federación ha documentado un desfalco a las arcas del estado de Veracruz por más de 35 mil millones de pesos, por lo que ha presentado 54 denuncias penales.

Bajo su mandato Veracruz se convirtió en un infierno de corrupción, impunidad, violencia y conservadurismo, los periodistas, las mujeres y las niñas fueron quienes padecieron encarnizadamente esta realidad. No es de sorprender que algunas voces piden que se le juzgue por delitos de lesa humanidad. Su gestión fue señalada de comprar pruebas de detección de VIH falsas (para ofrecer a las mujeres embarazadas y prevenir la infección perinatal). Duele el cinismo y duele la farsa montada para hacer como que importa la vida, cuando al mismo tiempo se saquean los servicios de salud en detrimento de las más pobres.

La sociedad mexicana tiene la mirada puesta en este proceso, en la extradición y en la presentación de Duarte ante la justicia, en el que exige transparencia y justicia. Lamentablemente antecedentes como el del exgobernador de Coahuila, Humberto Moreira, nos predisponen al pesimismo. Es importante que no olvidemos que Duarte no sólo tuvo cómplices directos, sino también compinches que bendijeron su administración a cambio de estigmatizar la interrupción legal del embarazo.

Volvamos a la estampa inicial. Recordemos quiénes flanquearon a Duarte y a su esposa, mientras se llenaban la boca hablando de la vida ahí, en ese colegio donde los padres y madres de familia de las otras víctimas de los Porkysdecidieron no proceder legalmente. El silencio del Arzobispo de Xalapa, Hipólito Reyes, ante la captura del exgobernador es francamente incómodo. Levantemos la voz, señalemos, y que la sanción moral y el señalamiento ético alcance a aquellos quienes extendieron su manto para protegerlo mientras atacaban los derechos reproductivos de las mujeres. Pero que quede claro, con o sin reforma constitucional el aborto por violación es legal en Veracruz y el Estado tiene la obligación de otorgar el servicio las víctimas de violencia sexual, que no son las menos en un estado azotado por la narcoviolencia, la impunidad y la corrupción.

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