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Los medios y las protestas: ¿Dónde está el foco?

agosto 26, 2019

Durante los últimos días las mujeres han sido tema de conversación en los medios, pero no porque sus condiciones de vida y sus derechos, finalmente, sean de interés periodístico, sino porque “sus excesos” han llamado la atención y hay quienes consideran que es necesario recordarles cómo deben hacer las cosas.

Ante las protestas por la impunidad que cae como loza sobre las mujeres, pocos medios han mostrado interés en publicar información exhaustiva sobre la situación de las mujeres y las constantes violaciones a sus derechos humanos en México. Ciertamente, muchos medios de comunicación y programas de debate abrieron espacios para las feministas y se convirtieron en verdaderos aliados del movimiento, pero la narrativa dominante durante los primeros días perdió de vista el foco: la violencia sistemática hacia las mujeres.

Gran parte de la cobertura informativa de la concentración y marcha ocurridas en la Ciudad de México el viernes 16 de agosto se enfocó en las pintas y otros actos en los que incurrieron algunas de las personas que marcharon. Muchos de los medios replicaron la condena de las protestas, sin ahondar en las causas ni presentar un panorama que contribuyera a entender el hartazgo y sus diversas manifestaciones. Muchas notas publicadas ese día o al siguiente hicieron referencia a los “malos modos” de las manifestantes, los grupos de choque, el descontrol, las agresiones a la prensa y los daños a los bienes nacionales, dejando en segundo plano —si no es que omitiendo— la legítima exigencia de detener la violencia hacia las mujeres. De una manera desafortunada, estos medios llevaron a la opinión pública a otro terreno, se dejó de hablar de la violencia que viven las mujeres para enfocarse en la agresión a un reportero. Las incomodidades que las protestas generaron importaban más que el número de mujeres víctimas de violencia, y se extendió la idea de que el vandalismo de nada sirve a las mujeres porque la violencia no se combate con violencia, resaltando lo errático de los actos y opacando el origen de la rabia. #AsíNo, decían.

El 20 de agosto @DataPopMx publicó en su cuenta de Twitter las prioridades editoriales, mostrando que de 679 notas, 122 hablaron de la violación sexual y 557 condenaron las pintas al Ángel de la Independencia, los daños al Metrobús y la agresión al reportero de ADN 40; en promedio, hubo 7.6 notas al día sobre la violación y 51 sobre el Ángel. En contraste, la mayor parte de los artículos de opinión trascendieron la inmediatez y el desastre, colocando al centro del debate y la reflexión el tema de la violencia y cómo ésta impacta en la vida de las mujeres. Pero no basta con eso, pues, en general, el discurso mediático sigue sin reconocer que las mujeres viven con miedo, que el peligro las acecha tanto en los espacios públicos como en los privados porque quienes agreden no sólo se encuentran en el ámbito familiar o laboral, sino que forman parte de las instancias cuya obligación es terminar con la ola de violencia que aqueja a las mujeres en la vida cotidiana. En el mejor de los casos, lo que pasa con las mujeres en México se convierte en nota roja, lo que lleva a la pregunta, ¿qué tiene que ocurrir para que el interés periodístico se centre en indagar en las problemáticas detrás de las cifras, en conocer y explicar el contexto que da lugar a las constantes violaciones a los derechos humanos de las mujeres y a la violencia que no dejan de enfrentar a toda hora, en cualquier parte del país?

Quienes trabajamos en la promoción y defensa de los derechos humanos nos esforzamos por brindar a los medios información que surge del acompañamiento a las víctimas de la violencia. Conocemos los rostros de quienes ya no pueden más ante la indiferencia y la revictimización, no sólo por parte del Estado sino de la sociedad, incluidos los medios. Sabemos del dolor, de la injustica, del desgaste. Hacemos pública y accesible nuestra experiencia, presentamos cifras, datos duros, estadísticas; elaboramos recomendaciones a partir del análisis del contexto y las condiciones de desigualdad que impactan en la vida de las mujeres.

A fin de tener vías para diseminar esta información y, con ello, ampliar la perspectiva de lo que sucede con la mitad de la población, nos acercamos a los medios que, con el tiempo, se han convertido en aliados y le han dado espacio y relevancia a lo que tenemos que decir; han sido portavoces de nuestras causas y le han dado eco a quienes denuncian, exigen y siguen en espera de justicia. Es muy afortunado que existan estos medios, pero es necesario que cada vez más, por iniciativa propia y genuino interés periodístico, hagan suyo el enfoque de derechos humanos y trasciendan la inmediatez y los destrozos; que vayan al fondo y contribuyan a entender que no se trata de cuántos vidrios se rompen o qué tan afectado quedó el Ángel de la Independencia; que se pregunten, una y otra vez, el origen de la rabia y traten de explicar lo que la sostiene, hasta que el Estado y la sociedad entiendan que se trata de derechos, de justicia, de igualdad.

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