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Septiembre verde y abortista

septiembre 14, 2020

Apuntamos a la completa despenalización del aborto, sin que sea necesario haber sobrevivido una violación sexual o al riesgo a nuestra salud, pero hoy por hoy vale la pena apropiarnos del contenido de las sentencias al respecto y socializarlas.

Haciendo un rastreo de cómo las mujeres y las feministas hemos entendido y explicado el conflicto que entraña la falta de acceso al aborto, sabemos que, hasta donde está documentado, la primera demanda relativa a la despenalización del aborto en México data de 1936, año en que la doctora Ofelia Domínguez abogaba por permitir el acceso al aborto por razones socioeconómicas, dado el efecto diferenciado que tenía la prohibición de abortar en mujeres con menores recursos. Se argumentaba también que el aborto no tenía por qué ser tratado desde el derecho penal y que más bien debía ser abordado como un asunto de salud pública, razones que no han perdido vigencia.

De 1936 hasta el día de hoy, la manera en la que enmarcamos el conflicto ha ido transformándose. Una revisión de los argumentos que hemos empleado en la exigencia por el acceso al aborto muestra cómo el movimiento feminista se ha ocupado de robustecerse de datos y evidencia para sacar del terreno religioso y moral la discusión acerca de la regulación jurídica del aborto, como corresponde en un estado laico. Cabe mencionar que precisamente con este propósito surgió GIRE en 1992: en esos tiempos, frente al discurso de la Iglesia católica, la finalidad era introducir información rigurosa y laica en el debate sobre el aborto y darle amplia difusión. Desde entonces y hasta la fecha (entre otras actividades, como el acompañamiento de casos, la comunicación o la incidencia en políticas y legislación), año tras año producimos investigación en materia de aborto y, en general, sobre derechos reproductivos.

Sin duda 2018 planteó una etapa distinta dentro de la lucha de décadas por el acceso al aborto legal y seguro. Ese año estuvimos atentas a la impresionante lucha de las argentinas por la despenalización. La irrupción de la marea verde por América Latina y, por supuesto, por México, infundió nuevos bríos a la lucha y –para quien esto escribe– a partir de entonces se ha hecho cada vez más visible cómo miramos el aborto de una manera distinta.

Frente a un popular entendimiento del aborto como tragedia, como “lo último que una mujer querría para sí misma”, como vivencia secreta y culpígena que necesita de una historia desafortunada para justificarse, hoy reivindicamos la decisión de abortar como válida en sí misma: rechazamos la visión del aborto como algo estigmatizante y celebramos el ejercicio de la autonomía personal en la toma de decisiones sobre nuestros cuerpos.

Asimismo, seguimos reclamando el asunto como un problema de derechos humanos –lo es y lo explicamos detalladamente aquí— y de justicia social en la medida en que –lo hemos documentado— el grueso de las mujeres que terminan criminalizadas son las que viven en condiciones de mayor discriminación social y económica. Aplaudimos que esta argumentación ha sido retomada en los últimos años por la Suprema Corte de Justicia de la Nación, a través de tres sentencias paradigmáticas que conviene tener presentes: la de Marimar y Fernanda, en 2018, víctimas de violación sexual a quienes les negaron el acceso al aborto, y la de Margarita, en 2019, a quien también le negaron el acceso al aborto pese a que su embarazo comportaba peligro para su salud. En los tres casos se determinó que los servicios de salud, al negarse a practicar el procedimiento para el aborto, incurrieron en violaciones a derechos humanos. Por supuesto que apuntamos a la completa despenalización del aborto, sin que sea necesario haber sobrevivido una violación sexual o al riesgo a nuestra salud, pero hoy por hoy vale la pena apropiarnos del contenido de estas sentencias y socializarlas.

Frente al desarrollo argumental feminista, el contramovimiento –los grupos antiderechos– ha ido disfrazando su rechazo (de cuño religioso) al aborto con argumentos de apariencia secular, lo que algunas personas estudiosas han explicado como reacción a la decreciente cantidad de feligresía. Especialmente llama la atención su peculiar empleo del lenguaje de derechos humanos: es común que citen tratados de derechos humanos y reproduzcan en su literalidad partes de los mismos para tratar de explicar que el aborto atenta contra la vida desde la concepción; sin embargo, un somero análisis desde el Derecho Internacional de los Derechos Humanos deja claro que la protección a la vida comienza con el nacimiento.

Otro ejemplo que ha tomado fuerza en los últimos años es la forzada construcción de un nexo argumental entre la realidad de violencia que vivimos en el país y el aborto. Sí, los grupos antiderechos afirman que el aborto es la extensión de esa realidad de violencia y parte del constructo que han llamado la “Cultura de la Muerte”. Es por lo menos desafortunado intentar explicar las legítimas demandas por el ejercicio de autonomía, y el derecho a la salud y a la igualdad, en el contexto de la lacerante situación que vivimos en el país desde hace años, que de por sí constituye una situación violatoria de derechos humanos; de tal suerte, a las personas involucradas o que apoyamos la lucha por el acceso al aborto se nos ha nombrado “sicarias”.

Largo ha sido el trayecto y, sin duda, aún no llegamos a donde queremos estar. Pero quiero hacer aprecio del camino que hemos recorrido desde 1936 –pasando por el caso Paulina en 1999, la despenalización del aborto en la Ciudad de México, la reforma a la NOM-046– hasta la despenalización en Oaxaca el año pasado: el movimiento que exige el acceso al aborto legal y seguro ha ido tejiendo argumentos y recabado datos con rigor; ha acompañado a mujeres en su búsqueda de acceso a la justicia y las ha arropado en sus abortos; ha salido a las calles a gritar estas justas demandas y ha hecho incidencia para la modificación de leyes y de política pública. Nos hemos organizado de muchas formas y, palmo a palmo, hemos ido avanzando, ya por vías institucionales, ya en abierta confrontación al Estado o ignorándolo como interlocutor válido.

Aun cuando no necesitamos pretexto para hacerlo, de cara al Día de Acción Global por el Acceso al Aborto Legal y Seguro, tomemos septiembre verde como una gran ocasión para mostrar por todo lo alto que el aborto #SeráLey.

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