En México se le echa limón a todo. En GIRE le echamos feminismo a todo. Es una forma de vivir y convivir, tan cotidiano como el limón.

El otro #10YearChallenge


En las últimas semanas, gracias al #10YearChallenge, las redes sociales han estado llenas de publicaciones sobre cómo la gente ha cambiado físicamente los últimos 10 años y queremos aprovechar la oportunidad para plantear “el otro #10YearChallenge”: el del feminismo en nuestras vidas y el de los derechos reproductivos en México, porque para nosotras el feminismo es una lente a través de la cual vemos el mundo, una forma de vivir y convivir. Les presentamos la experiencia de Rebeca Lorea, integrante de GIRE, seguras de que hay quienes se preguntan cuándo las feministas nos descubrimos como tales, para compartirles cómo en lo cotidiano la lente del feminismo nos acompaña.

Gracias a los “recuerdos” que todas las mañanas se notifican en Facebook, perfil que abrí en enero de 2008 cuando tenía 16 años, me he dado cuenta de que yo, orgullosamente feminista, también tengo un “oscuro pasado” (es decir, machista). Hace poco me reencontré con un estado horrible en el que, creyéndome muy simpática, me burlaba del cuerpo de algunas mujeres. Montón de “me gusta”. Muchísimos comentarios: “ja ja ja, te pasas”, “(emoji riéndose)”, “ja ja ja ay, Rebeca, sólo a ti se te ocurren esas cosas”, etcétera.

 

Qué oso mi body shaming de adolescente. Sobre todo, porque ahora mis publicaciones están llenas de feminismo, igualdad, no discriminación y derechos humanos. De pronto llegan más recuerdos de mis discursos de hace más de 10 años que ahora me avergüenzan: ¿y si alguien ve ese estado?, ¿y si esa compañera de la prepa recuerda que le dije en 2006 que “los gays” no debían adoptar porque “los niños de qué tienen la culpa y los van a confundir”?, ¿y si alguna vez juzgué abiertamente a una mujer por haber abortado? Qué angustia.

A la par, hace 10 años me tenía sin cuidado que la Suprema Corte de Justicia de la Nación resolvería la constitucionalidad de la despenalización del aborto en la Ciudad de México, aprobada en 2007, así como la constitucionalidad de la “píldora del día siguiente” y la obligación de las instancias de salud de suministrarla. Veracruz se convertía, apenas en febrero de 2008, en la primera entidad en reconocer la violencia obstétrica como una forma específica de violencia contra las mujeres. En 2009, 51 mujeres, por cada cien mil nacidos vivos, fallecían durante el embarazo, parto o puerperio. No existían las licencias de paternidad.

Pero, ¿acaso alguien ha sido feminista y se ha asumido como tal toda su vida? Si existe algún caso, me atrevo a decir que es una excepción. Porque mi abuela fue la primera generación de mujeres que pudo votar en México; mi mamá no pudo estudiar Derecho como quería porque según mi abuelo “era una carrera para hombres”; a mi hermana, a sus 32 años, le dicen que debería estar preocupada por encontrar un esposo; a mi otra hermana la felicitan después de una cirugía diciéndole cosas como “para ser mujer, lo haces muy bien”.

Las probabilidades de tener ese “oscuro pasado” que mencionaba al principio son muy altas, porque así crecimos, y todavía hoy es difícil para muchas personas no reírse de bromas sexistas o reconocer que una broma es sexista.

Hace 8 años, mientras estudiaba la licenciatura en Derecho, me decían que estaba ahí de “MMC” (Mientras Me Caso), una broma de la que tenía que reírme para caerle bien a mis compañeros y no ser calificada como “de hueva” o, peor, como “feminista”.

Tristemente, la mayoría nacimos y crecimos en contextos machistas. Algunas tuvimos la fortuna de salir de nuestro entorno y ver con los lentes de género nuestros actos nocivos y los de los demás, y decidimos hacer algo para cambiarlos o, al menos, evidenciarlos. Y en ese camino nos descubrimos feministas.

A pesar de que en 2016 la Razón de Muerte Materna descendió a 38 muertes por cada cien mil nacidos vivos y de que existen normas que obligan al buen trato durante el embarazo, parto y puerperio; a pesar de que las mujeres tenemos derecho a abortar en casos de violación en cualquier parte del país sin tener que presentar una denuncia, y a pesar de que están prohibidos los despidos por embarazo, el #10YearChallenge en materia de justicia reproductiva nos deja aún mucho qué desear.

Me arrepiento de haber sido indiferente tanto tiempo a las injusticias por falta de acceso a los derechos reproductivos y no voy a borrar mi historia de niña-adolescente-mujer machista porque forma parte de mi vida y porque gracias a ese “antiguo yo” hoy puedo valorar todo lo bueno que me trajo el feminismo.

Ahora, cada vez que escucho a alguien hacer comentarios como los míos de hace 10 años, me doy la oportunidad de reconocer que existe una probabilidad, por mínima que sea, de que esa persona algún día descubra el feminismo y vea lo incorrecto de sus afirmaciones. Así sucedió conmigo.

Hoy encuentro inspiración y valor para hacer algo con cada historia de negación de aborto legal, de mujeres que murieron porque no fueron bien atendidas durante su embarazo, parto o puerperio, o de mujeres que tienen que elegir entre su vida laboral y su vida reproductiva porque no hay condiciones para conciliar ambas.

En GIRE estamos convencidas de que los derechos reproductivos son esenciales para lograr un país justo para todas las personas, y vigilar que se respeten y se cumplan requiere la participación de todas y todos. Así que compartamos “el otro #10YearChallenge”. Adueñémonos de nuestro pasado no feminista para invitar a otras personas a darse la oportunidad de ser feministas, porque, retomando a Simone de Beauvoir: «NO SE NACE FEMINISTA, SE LLEGA A SERLO.» 

Por Rebeca Lorea (@rebeca_lorea)

Rebeca Lorea es abogada feminista, originaria de Guanajuato, preguntona y acariciadora de perritos. Forma parte del equipo de GIRE.


25 enero 2019


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