POV: eres estudiante, mamá y TikTok cree que cometiste un crimen
Banner del blog “POV: eres estudiante, mamá y TikTok cree que cometiste un crimen”. Contiene la ilustración de una mujer que carga un bebé mientras trae una mochila en su espalda.

POV: eres estudiante, mamá y TikTok cree que cometiste un crimen

Por Lizbeth Lucio

Haciendo el scroll nocturno en TikTok, entre videos de lugares imperdibles para visitar en Japón y edits de BTS, apareció uno que rompía con la estética oriental de mi algoritmo, pero que llamó mi atención cuando escuché a una morra decir: “mi escuela me está negando un lugar digno para la lactancia”.

@metzyro

El mood dé hoy es tite 🥲 Problema real pero tambien mo tarea 2 del bootcamp #bootcampuntalfredo2 #fypシ゚viral #maternidad #universidad #lactancia @Un Tal Fredo

♬ sonido original – MetzyconY🩵

Fiel a mi gusto y talento innato de investigadora digital (que vulgarmente podríamos llamar ser stalker), dirigí la mirada al ícono de comentarios que parecía que iba a estallar por la alta cantidad que tenía, lo pulsé y el primero que leí decía: “al rato van a querer hasta guardería jajaja” y quedé mínimo común múltiplo.

Continué leyendo y noté que, entre burlas, juicios y misoginia, muchos comentarios repetían la misma idea: “la universidad está para estudiar, no para maternar”. Seguí deslizándome y mientras más leía más claro me quedaba que la discusión no era solamente sobre un lactario, porque detrás de los casi tres mil comentarios estaba la incomodidad que sigue generando imaginar que una mujer con hijes también puede ir a la universidad.

Aparecía la idea de que la maternidad y la vida académica son proyectos incompatibles, y que cuando una mujer intenta sostener ambos, el problema es suyo y no de las instituciones que nunca fueron pensadas para incluirla. Pero también aparecía otra cosa, el castigo hacia el disfrute de la sexualidad cuando eres una mujer joven. 

Y eso me hizo pensar en qué maternidades sí son socialmente aceptadas y cuáles siguen siendo vistas como una irresponsabilidad o un estorbo. Porque pareciera que la maternidad solo merece empatía cuando se alinea a los tradicionales roles de género o cuando ocurre dentro de ciertos márgenes, es decir, en la edad correcta, dentro de una relación estable, después de titularse y, sobre todo, sin incomodar demasiado los espacios públicos.

Se celebra a las madres que sacrifican sus proyectos personales por sus hijes, pero no a quienes intentan conciliar la maternidad con su vida académica, profesional o personal. Como si estudiar mientras se materna fuera una contradicción y no una necesidad cotidiana para miles de personas gestantes.

Otro elemento que llamó mi atención en los comentarios, además de la burla hacia la adaptación de un espacio en un lactario, fue la idea de que la universidad no tendría por qué transformarse para incluir “a solo una mujer que materna, entre miles de estudiantes”. Como si pedir un espacio digno para extraer leche, alimentar a les hijes o incluso pensar en el autocuidado dentro de la vida universitaria fuera una exigencia exagerada y no una condición mínima para que más mujeres puedan continuar sus estudios.

Se habla mucho de conciliación entre vida laboral y personal, pero poco de la conciliación entre vida académica y personal. Y es necesario hacerlo porque las universidades tampoco están pensadas para estudiantes que cuidan, gestan, lactan o crían. No es casualidad que tantas mujeres abandonen sus estudios, pospongan maternidades o vivan agotadas intentando sostener ambas cosas al mismo tiempo. Como dijo Julieta Fierro: “no hay condiciones para que las mujeres mexicanas puedan hacer posgrados y al mismo tiempo tener hijos”.

¿Y qué onda con el castigo hacia el ejercicio de la sexualidad cuando eres una mujer joven? Frases como “la escuela no tiene la culpa de tus malas decisiones” revelan que, para muchas personas, el problema no es la falta de infraestructura de cuidados, sino que una estudiante haya tenido una vida sexual que derivó en maternidad.

¿Por qué las personas se empeñan en asumir que un embarazo es automáticamente una irresponsabilidad? ¿Por qué esa necedad de pensar que el embarazo es una consecuencia que debe vivirse en silencio, con culpa y sin pedir nada? Ah, pero, ¿qué pasa cuando un estudiante se convierte en padre? Rara vez se cuestiona su permanencia en la universidad, pocas veces se le juzga y en muchas ocasiones se le celebra.

Al final pienso que tal vez por eso incomoda tanto un lactario dentro de una universidad, porque hace visible algo que muchas personas preferirían mantener fuera de cuadro: que las mujeres tienen vidas sexuales, maternan, cuidan y aun así quieren seguir estudiando, creciendo profesionalmente y habitando espacios que no fueron pensados para ellas.

Pero, hey, ¡no todo en TikTok estuvo tan mal!

Aunque en menor medida, entre los comentarios también había pequeños fueguitos luminosos que me recordaron lo que Las Escuchadoras nombran como espacios de esperanza: lugares digitales donde otras personas responden con empatía, dan consejos y comparten sus propias experiencias. Muchas morras y morros comenzaron a defender la exigencia de la creadora de contenido y a comentar en qué otras facultades de la UNAM sí tenían espacios dignos para ejercer la lactancia, para que ella pudiera ir y dejara de batallar en un baño de la Facultad de Derecho.

Y algo que me encantó fue ver que, a pesar de las burlas y los comentarios violentos, la creadora del video siguió insistiendo en la necesidad de ese espacio y contó que ya lo está coordinando junto con la comisión de género de su facultad para intentar habilitarlo.

Porque al final exigir un lactario no es pedir un privilegio, es pedir condiciones mínimas de dignidad para ejercer la lactancia sin esconderse en un baño, sin sentir culpa y sin tener que elegir entre criar o permanecer en la universidad. Y aunque muchas veces estos espacios parecen pequeños o secundarios frente a otros problemas, también transforman la manera en que entendemos quiénes tienen derecho a habitar ciertos lugares.

Las universidades no tendrían que ser espacios incompatibles con la maternidad. Necesitamos insistir en hablar de la conciliación entre la vida académica y personal, porque estudiar, investigar o hacer un posgrado no debería implicar renunciar a maternar, ni maternar tendría que significar abandonar proyectos personales, académicos o profesionales.

Ojalá más personas nos sumemos para exigir espacios dignos para lactar y cuidar, porque las personas que maternan también tienen derecho a aprender, trabajar, crecer y permanecer en el espacio público.

Autora

Fotografía de Lizbeth. Ella es una mujer joven que posa sonriente frente a un templo budista que está a orillas del mar

Lizbeth Lucio (@_cuatroeles) es comunicóloga, k-dramera y baby ARMY. Es una ñoña que cada que pueda te dirá “haz una metodología” o “haz una estrategia”. Le gusta bromear, en especial de sus propias desgracias.

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