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La nueva normalidad


Por Silvia García Castañeda

La normalidad es una ilusión.
Lo que es normal para una araña es el caos para una mosca:
Morticia Addams.

Este año 2020 inició con muchas expectativas en varios sentidos, pero indudablemente la presencia de un nuevo virus, altamente contagioso y sumamente letal nos cambió rotundamente la expectativa.  En la tercera semana de marzo, se anunciaba en México el inicio de una cuarentena, como protocolo para evitar que el COVID-19 se propagara y causara un gran número de muertes en la población. Se daban indicaciones de cierre de instituciones, negocios, restaurantes y de todas las actividades no esenciales. Nos enfrentábamos, como nunca antes, a un panorama por demás incierto y que hoy por hoy, no podemos siquiera imaginar cuándo y cómo va a terminar.

Miles de personas empezaron a adaptarse al home office, a lo conveniente de no tener que levantarse a media madrugada para trasladarse a los centros de trabajo, a la facilidad de tomar clases en línea, entre otras cosas más. En redes sociales se lanzaron encuestas para saber cuáles emociones se han presentado predominantemente a raíz de la pandemia. Los resultados reflejan que un gran número de personas se encuentra viviendo una ambivalencia de emociones, por un lado, con miedo, ansiedad, angustia, pero también entre sensaciones de mucha desesperación y tristeza al evaluar todo lo que se ha perdido: familiares, amigos, fuentes de trabajo, etc. Algunas más sienten mucha soledad y rebeldía, pero hay quienes se sienten cómodas, seguras y siguen durmiendo tranquilamente.

El lunes 1 de junio, se dio por terminada la sana distancia y se anunció el regreso a la nueva normalidad que es una expresión del ámbito de la economía y las finanzas, utilizada para describir las nuevas condiciones financieras tras la crisis del 2008 y las secuelas de la Gran Recesión. Desde entonces se ha utilizado en una variedad de contextos para dar a entender que algo que antes era anómalo, ahora es común.

Existe otra teoría que sostiene que este término se dio a conocer en el año 2000 por algunos investigadores que hicieron una descripción muy detallada de las fases de un desastre y la intensidad de los estados emocionales que se vivieron después de presentarse fenómenos naturales como tornados, terremotos, tsunamis y cómo al final, cuando todo pasó, se dan cuenta de que no se puede resolver todo, más que lo propio, y que es muy poco lo que se puede recuperar.

Después de todo lo que hemos vivido en esta pandemia global y por demás insólita, es difícil creer que habrá una nueva normalidad, simple y sencillamente porque la vida post COVID-19 va a quedar transformada, mientras no se encuentre una vacuna capaz de mantenernos a salvo.

Especialistas en salud mental recomiendan que en estos días de confinamiento es importante echar mano de todas las habilidades que como seres humanos hemos desarrollado para sobrevivir y para tener un estado de bienestar general. Mencionan estas cuatro como las principales:

  1. Capacidad de adaptación, recuperarse ante la adversidad, ser flexibles, lo que se conoce como resiliencia.
  2. Tener una perspectiva positiva. No, no se trata de enlistarse al club de los optimistas, sino tener la capacidad de disfrutar las cosas buenas que sí tenemos y enfocarse en lo que sí nos ocurre todos los días, como despertarnos, estar bien. Es aprender a desechar la fantasía del control, porque en realidad es muy poco lo que podemos controlar.
  3. Habitar el momento presente. Se ha demostrado científicamente que una mente que divaga es una mente infeliz y que es imposible estar bien si no se está bien mentalmente. Si divagamos entre pensamientos catastróficos es muy probable que la circunstancia nos rebase y perdamos el control. Hay que empezar por resolver todo lo que hace ruido en la “azotea”. William James decía que aprender a regresar voluntariamente la atención una y otra vez, al aquí a al ahora, es la base del juicio, del carácter y la voluntad.
  4. Generosidad, tener un interés genuino por algo o alguien. Los especialistas sostienen que cuando las personas se involucran en causas más allá de ellos mismos, se activan circuitos cerebrales y se produce una mayor cantidad de la hormona oxitocina, lo que se traduce en un alivio de preocupaciones personales y en una sensación de felicidad.

Que tengamos un muy buen regreso a esta inédita nueva normalidad y podamos construir juntos una mejor comunidad.

Por Silvia García Castañeda. Trabaja en GIRE desde hace 22 años, es Coordinadora de Administración y Recursos Humanos. Le encanta cambiar su look con atrevidos cortes de cabello. Ama el chocolate aunque no pueda comerlo.

 


25 junio 2020


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