En México se le echa limón a todo. En GIRE le echamos feminismo a todo. Es una forma de vivir y convivir, tan cotidiano como el limón.

Míster Ruth Bader


Por Paco Cué

Al conceder una entrevista para el New York Times (NYT) sobre On the Basis of Sex (“La voz de la igualdad”), película biográfica que narra las primeras batallas legales emprendidas por Ruth Bader Ginsburg (RBG) en contra de la desigualdad y la discriminación por género, Daniel Stiepleman —el guionista— narró cómo tuvo que defender la historia que había escrito para la pantalla grande ante sus colegas en Hollywood:

“Recuerdo en algún momento haber dicho en una reunión de trabajo: hay una narrativa de 5000 años de historia sobre hombres que regresan a casa después de la batalla; sus esposas los remiendan, aumentan su ego y los envían de regreso a pelear de nuevo. [Sin embargo] Escribes sobre un marido solidario, y todos dicen: ¡Una criatura así nunca podría existir!”

El guionista de la película se refería a Martin Ginsburg, esposo de la icónica jueza de la Corte Suprema de los Estados Unidos, recientemente fallecida y cuya partida sacudió —aún más— la vida política norteamericana y la lucha feminista en todo el mundo. Marty había partido diez años antes, víctima del cáncer.

Conocer a Marty fue, por mucho, lo más afortunado que me sucedió”, declararía Ruth sobre su esposo. “Sin él nunca hubiera ganado un asiento en la Corte Suprema”, escribiría ella misma en 2016 para el NYT. No se refería únicamente al intenso cabildeo político tras bambalinas que hizo Marty para que RBG fuera nominada por el presidente Clinton, y confirmada abrumadoramente por el Senado para ocupar el importante cargo, sino al apoyo incondicional que la pareja se procuró durante más de 56 años de matrimonio, en los que Martin asumió un rol protagónico en el cuidado del hogar y de la familia, que incluso le significó algún sacrificio profesional mientras su esposa se abría camino rumbo a la cima del mundo jurídico y entraba en los anales de la historia.

Marty y Ruth, cerca 1950

No cabe decir que Marty de alguna manera se inmoló profesionalmente para que su esposa pudiera llegar a convertirse en Ministra de la Corte Suprema y todo un ícono del liberalismo estadounidense. Nunca renunció al ejercicio de su profesión; de hecho, adquirió bastante notoriedad en su especialidad —el derecho fiscal—, litigando importantes casos desde la iniciativa privada y destacando como académico. James Ginsburg, segundo hijo del matrimonio, escribiría que lo de sus padres había sido una “sociedad igualitaria”.

Naturalmente, el fallecimiento de Martin Ginsburg en 2010 no causaría el mismo revuelo que el deceso de Ruth Bader una década después. Aunque fue un abogado prominente, la trascendencia y el impacto que tendría la trayectoria profesional de Martin no podrían compararse con el legado que dejaría Ruth.

Ahora bien, que una mujer sea más brillante y profesionalmente más exitosa que su esposo no es noticia, tan sólo es una cuestión de probabilidad y estadística; pero que un hombre, al ver cómo su esposa conquistaba la cima del mismo mundo profesional a la que él mismo pertenecía, haya aceptado de buena gana su papel “secundario” y se mostrara cómodo con haber asumido gran parte de la responsabilidad del cuidado del hogar, ha capturado gran parte de la atención del mundo. ¿Por qué?

Justice Ruth Bader Ginsburg with her late husband, Marty Ginsburg, an accomplished amateur chef.

¿Por qué la historia de Martin Ginsburg llama tanto la atención, pero no así la historia de Michelle Robinson —por ejemplo—, esposa de Barack Obama? Como Marty, la esposa del expresidente también es una destacada abogada egresada de las mejores universidades del país con una prometedora carrera profesional, pero que decidió asumir el protagonismo del cuidado de sus hijas y del hogar mientras su esposo se ocupaba de llegar al Senado y luego a la Casa Blanca.

La pregunta es retórica, por supuesto. Lamentablemente, aún en pleno siglo XXI, la historia de una mujer haciéndose cargo de las labores de cuidado del hogar mientras el marido persigue sus metas profesionales sigue percibiéndose como el “orden natural de las cosas”, mientras que la historia de Martin Ginsburg adquiere injustificadamente proporciones casi legendarias.

A pesar de ello, sostengo firmemente que la historia del matrimonio Ginsburg merece y debe ser contada, aunque no desde la épica sino como la historia de “una de esas maravillas de la vida, un maratón de amor y apoyo de 56 años”, tal como escribirían en el obituario de Marty sobre su matrimonio con Ruth.

En 2019, Dahlia Lithwick —periodista norteamericana— escribió en The Atlantic, refiriéndose a RBG, que “hoy, más que nunca, las mujeres ávidas de modelos de influencia, autenticidad, dignidad y voces femeninas ensalzan a una jueza octogenaria como la encarnación de la esperanza de un futuro fortalecido”.

Parafraseando —y plagiando vilmente— a Lithwick sobre el legado de Ruth Bader, me atrevo a decir que hoy, más que nunca, los hombres deberíamos hacer de Martin Ginsburg un modelo de masculinidad, responsabilidad y empatía para hacer realidad la esperanza de un futuro más justo, igualitario y en paz. 

¡Vean On the Basis of Sex, está en Amazon Prime! Y para conocer más sobre la vida de Ruth Bader y Martin Ginsburg les dejo unos cuantos vínculos: 

https://www.nytimes.com/es/2020/09/20/espanol/estados-unidos/ruth-bader-ginsburg.html

https://www.vogue.com/article/may-every-woman-find-her-marty-ginsburg-rbg 

https://www.npr.org/templates/story/story.php?storyId=128249680 

Por Paco Cué, @PacoCue 

Paco es politólogo por la UNAM. Le cuesta diferenciar de qué puede reírse y de qué no. Se siente muy orgulloso de formar parte del equipo de GIRE.


5 noviembre 2020


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